RECUERDOS DE ALATOZ |
Carlos Royo. Mi primer pensamiento, es para nuestros padres y los padres de nuestros padres, y para ellos voy a recordar esta poesía de Unamuno, sacada de Niebla: Mi alma vagaba lejos de mi cuerpo Cuando uno se vuelve mayor, cuando los recuerdos se agolpan, se comienza a recordar. Entonces…. uno piensa que la juventud, ¡la juventud que creen los jóvenes que jamás va a pasar!, que uno va ser joven siempre; como si se lavaran en la fuente de la eterna juventud, y que en el transcurso del tiempo y haciendo marcha atrás, se da cuenta que ya uno ha vivido, no lo suficiente, ni tan siquiera lo necesario, y lo único que te queda es que el sol aparezca por donde siempre y sientes la necesidad, la imperiosa necesidad de que a pesar de lo que has vivido, todavía te queda mucho que recorrer, pero el Tengo que deciros, y vosotros, los mayores ya lo sabéis, pero los jóvenes, por ser jóvenes y por tener toda la vida por delante y que -como me decía aquella mujer mayor, henchida de canas y arrugas (mi madre)-… que en una vida hay muchas vidas. Si no os lo creéis, veréis como el tiempo me dará la razón. Por eso os pido desde aquí y os lo dice alguien que os aprecia, no solamente como alatozanos, sino como un amigo, un padre, que uséis bien lo mucho o lo poco que podemos daros, pero siempre con el convencimiento de que todo lo que hagamos es por vuestro bien. Voy a tratar en primer lugar (esto creo que es necesario) de recordar los orígenes de Alatoz, sus nombre, casas, sus gentes, sus quehaceres diarios, y, aunque doy por seguro que entre nosotros hay gente que sabe más que yo, espero que me disculpen mi atrevimiento. Desde que tengo uso de razón se dice que Alatoz viene del “Al hato”. Yo, queridos vecinos, tengo de disentir de la buena fe de quien afirma esto. Luis Guillermo García-Saúco Meléndez, del Instituto de Estudios Albacetenses y al que me referiré al hablaros de la Iglesia de San Juan Bautista, comenta reiteradamente que, en toda la documentación consultada por él y que es la que figura en todos los archivos, tanto eclesiásticos, como en el museo histórico provincial de Albacete, en Almansa, en Cuenca y Cartagena, Alatoz aparece con la denominación de “ La Toz ”. Insisto: no existe, ningún documento, ni tan siquiera en todos los diccionarios y enciclopedias (el Espasa Calpe, la Enciclopedia Británica , La historia de España de Menéndez Pudiera venir de alatón (fruto del alatonero, almez), de alato (traído o llevado, cuento o chisme de comadres), de toza (pedazo de corteza de pino); de alatar (del árabe al-attar: vendedor de drogas y especies); de alazor (aceite de una planta de color parecido al azafrán y quenes originaria de la India , concretamente de la parte de Bombay); también puede venir de toz (ave de pintada de varios colores que habita en la península de Yucatán pero no creo que ningún alatozano se fuese a hacer las indias, bueno, tengo noticias de uno pero a comienzos del s. XX),.); hay quien opina que viene de altozano (promontorio sobre la llanura) y si cerramos los ojos de alatyr (de la mitología eslava: piedra mágica que desempeña importantes papeles en las leyendas y tradiciones rusas). De todas formas estamos hablando de antes de que apareciera el idioma castellano o el castellano antiguo. No vayamos a pensar en que la Península Ibérica se hablaba el latín y el árabe; queridos vecinos, el latín en la península era poco usual –solamente se hablaba en pequeños círculos-, anteriormente a la colonización romana estaban los griegos, el idioma que se usaba era el “koiné” (lengua griega común, hablada en el mundo conocido de Alejandro Mago y que se convirtió con influencias latinas en el griego moderno) y, anteriormente, la lengua ibérica y céltica. Posteriormente a la dominación romana, los visigodos y luego los árabes, lo que se manifiesta en la fonética y en el vocabulario. Como diré un poco más adelante, durante la dominación musulmana, Alatoz, era ya una pequeña aldea. Hay quien es de la opinión que viene de tozal (que Otros significados son: chisme, cuento. Y, hablando de cuentos: si queremos construir una historia de Alatoz basada en hechos reales y verídicos, lo único cierto es que se llamaba La Toz o Latoz. Pero alatozanos/as, dejad correr vuestra imaginación y pensad que su nombre forma parte de la magia o incluso de la mencionada piedra de los eslavos, aunque, mientras no aparezca, yo seguiré pensando que su origen se pierde en el oscurantismo de los siglos y podemos decir en voz alta: MI PUEBLO Alatoz (nuestro pueblo), es y era una pequeña villa situada a 859 m . sobre el nivel del Mediterráneo en Alicante –medidos en pequeño cuadrado con un punto central situado a la derecha del último peldaño de la antigua escalinata de la puerta principal de nuestra iglesia. Dicha escalera desapareció hace unos años. Se encuentra –Alatoz-, como todos sabéis, en los estribos de la sierra de Chinchilla y al sur de la sierra de La Caballa , formando entre ambas un corredor. Geológicamente, abundan las dolomitas (no os asustéis, lo vais a entender muy fácil: dolomitas o dolomías son las rocas que forman parte de nuestros montes y nuestros bancales. Están formadas por carbonato de calcio y magnesio, son de aspecto rugoso y color claro. Así de fácil. Es la piedra que encontramos en las rochas, esa piedra delgada, rugosa, con la que siempre hemos edificado nuestras casas, nuestros muros: la piedra de rocha... Pasemos una página más y vamos a hacer un poco de historia. En el s. VI y V a de C, hubo varios asentamientos ibéricos, posteriormente ibérico-romanos, y luego bajo la dominación árabe. No fue recuperada por los cristianos hasta 1211, cuando la toma de Jonquera por el Rey de Castilla. Después volvió a ser ocupada por los árabes y, al año siguiente, otra vez tuvo Alfonso En 1266, por edicto de Alfonso X el Sabio, dado en Sevilla, Alatoz pasó a depender territorialmente de la Mancha Conquense. Pasaron siglos y, llegado el s. XVIII, Alatoz, como la mayoría de los pueblos de la actual provincia de Albacete, tuvo una cierta recuperación económica, después de la grave crisis del s XVII. Contaba Alatoz, a finales de este siglo, con 19 vecinos. Es ya en 1795 cuando obtuvo la independencia de Jorquera, pasando a administrar sus propios bienes. Muy poco afectaron las desamortizaciones, llevadas a cabo desde 1886 hasta 1909. Hasta aquí un breve esbozo histórico de Alatoz. Teníamos dos monumentos que merecían el interés de Alatoz. Uno, el puente de la plaza, de medio punto, bien labrado, que unía aparte del barrio arriba y el barrio abajo, los caminos que cruzando el pueblo se dirigían a Carcelén y Alpera; puente que, lo que no pudo la riada de 1951, ni la de 1982, lo pudo la mano inexorable del hombre en 1985. Sus piedras de sillería se pueden ver ahora en el muro y la puerta de entrada a la piscina. Sobre esto tengo una particular opinión, pero como los minutos pasan, será en otra ocasión cuando os la comente. El otro, nuestra iglesia: la iglesia de San Juan Bautista. Sobre ella, voy a deciros que se construyó a base de “peonadas de villa” (los vecinos aportaban su trabajo y dinero para hacer posible su construcción). Luego los clérigos, los obispos y arciprestes se encargaban de administrar el dinero que habían recaudado de los vecinos. Sobre la portada de nuestra iglesia hay una ventana enmarcada por formas almohadilladas y en una de ellas, bajo el vano, aparece la fecha de 1776. Por lo demás, es de cruz latina, bien proporcionada, de estilo neoclásico, con retablo de madera de calidad aunque sin pintar lo que le da un aire de sobriedad. Un aspecto menos conocido son las esculturas que existen en la iglesia. Voy a intentar describirlas brevemente: El Crucificado, en madera tallada policromada, cuya cabeza está perfectamente moldeada y aunque ensangrentada ofrece una serenidad de semblante. Tiene los brazos desmembrados y necesita una reparación. Pertenece ala escuela Murciana de Sánchez Cordobés. Santo obispo (¿San Ildefonso?): Escultura en madera tallada y policromada, con dorados tanto en la mitra como en la capa. El problema es la identificación: podría tratarse de San Blas (pero llevaría palma), o de san Fulgencio (patrono de la diócesis de Cartagena). Puede ser San Ildefonso, Arzobispo de Toledo, que tuvo amplio culto en la zona y que, además, tenía una ermita dedicada aquí, en Alatoz, y que posteriormente fue trasladada a la actual parroquia. Jesús Nazareno. Esta imagen de Jesús con la cruz a cuestas es obra del escultor murciano, discípulo Salzillo, Roque López (l714-1811) y aparece reseñada en el conocido catálogo del artista publicado por el Conde de Roche “ Un Jesús Nazareno para Latoz, cabeza, manos y pies y vestido de lienzo y con cruz…140 reales” . Está bastante bien conservado, aunque le falta el dedo pulgar de la mano derecha. Es uno de los mejores de la provincia. San Antonio de Padua. Obra de poco valor. Dolorosa. Obra también de Roque López, que hizo más de cuarenta obras del mismo tipo. San Juan Bautista. Ha sido repintada y tiene poco valor. Entre otras esculturas está la Virgen del Rosario, probablemente del siglo XVIII, así como dos pequeños crucificados de nulo interés, que se cree que fueron adquiridos en 1782 y 1783. Entre las pinturas se encuentran: la Inmaculada , que es la mejor, San Antonio Abad, San Antonio de Padua, El Bautismo de Jesús y la Virgen del Carmen, todas ellas de escaso valor. Tres campanas coronan la torre. La mayor, llamada de San Juan Bautista, se colocó en el año 1773, estando todavía en construcción la iglesia. Los autores son Juan de Gargallo y Juan de la Cuesta (según la inscripción que se puede leer). Tiene un diámetro de 88 cm . y un peso aproximado de 400 Kg . Las otras tiene un peso de 72 Kg . 50 cm . de diámetro y fue colocada en 1920, la otra fue colocada en 1922 pesa 125 Kg . y tiene un diámetro de 60 cm . Las pequeñas se pueden refundir. La mayor, solamente soldar. Otro apunte más. Quizás, por delante de la piedra más antigua que existe en Alatoz hayáis pasado miles de veces y creo que son muy pocos los que se han dado cuenta. Pues bien, esa piedra parece ser un altar romano o ibérico romano, se encuentra en la cuesta que sube a la iglesia, en la vertical del olmo, a un escaso palmo del suelo. Es redonda, como si fuera un rulo de una era, pero…. no tiene agujero para el eje y dentro hay un círculo esculpido. Como no podía ser de otra forma, voy a deciros en unas breves palabras algunos escritores que se han acordado de nosotros. Uno de ellos, el primero, Vicente Blasco Ibáñez, escribiendo sobre la Guerra de la Independencia , dice que D. José Francisco Pelegrin Romeu y Parras, nacido en Murviedro (Sagunto-Valencia), acampó y reclutó en las tierras de Alatoz sus batallones para dirigirse a conquistar la parte de Valencia. Otro, Azorín, en su recuerdo de Albacete dice que paso tres días en casa de un médico llamado Pau, amigo de Yecla (de donde era su familia) y dice: ¡ ”Cuan lejana ya la caminata de Alatoz a Carcelén en una tarde fría y cárdena! Tengo ahora presente, sobre el paisaje todo, la luz incierta de aquella tarde ”. Y por último, Neruda, en su marcha hacia Francia, nombra de pasada a Alatoz (le llama Alatox). Como colofón únicamente que la iglesia de San Juan Baustista de Alatoz fue declarada bien de interés cultural por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, lo que se publicó en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha, nº 95, de 18 de diciembre de 1991. Y ahora que hemos hecho un retazo de la historia de nuestro pueblo, voy a tratar de recordar otros aconteceres que es necesario en cualquier pregón de fiestas. Para esta parte he de echar mano de una amiga imaginaria pero que tiene gran memoria y que siempre ha vivido entre nosotros. ¡Su nombre... es imaginario! Nunca salió del pueblo, ni vio el mar, a pesar de que tiene dos hijos que están muy cerca de la playa y que no se olvidan de las fiestas. Ella me recuerda que en las noches de verano sacaba esa vieja silla, que en otros tiempos había sido de enea y ahora es de esparto picado, a la puerta de la calle; su marido, sentado en la acera y apoyando su torso en la pared, asiente a lo que su mujer dice. Me cuenta de los bailes que ha vivido: en casa del médico, en el salón del tío Blas “la tía Blasa, vende refrescos y agua clara no nos quiere dar”, aquellos refrescos que los mayores han bebido, ”zarzaparrilla”, el baile de Luciano (en la replaceta), el baile de la Obdulia , el baile de Mariano con la terraza de verano y Laureano el de Costa en la cantina, el baile que se hizo una vez casa la Nieves de Caireles, y otra vez casa Clavete y por fin la Sala de Fiestas Las Vegas, con el toldo para no mojarnos. Recuerdo que un año cayó tanta agua que hubo que pincharle a las lonas para que evacuaran el agua acumulada, y hubo que echar bálago al suelo, porque aquello era un lodazal. Se bailaba incluso con paraguas. Costaba el abono 250 ptas. por los 10 bailes, el del sábado por la noche y tres días más: en sesiones de mañana, tarde y noche. ¡Con qué ilusión esperábamos a la Almanseña , a la Requenense y a la Gileña ! ¡Con qué ilusión esperábamos que pusieran las barcas enfrente de Andrés el de la Nati ! … ¡Y los futbolines!... ¡Cómo nos relamíamos los críos esperando que el zapatero pusiera aquel puesto, hecho con unas sábanas blancas y almidonadas donde vendía el turrón y los caramelos, las almendras garrapìñadas y los garrotes de caramelo! ¡La ilusión que teníamos cuando el fotógrafo nos sacaba y nos exponía en la puerta de la posada de Sotero!... Recuerdo aquellas vísperas de fiesta, cuando venía la banda de música y cada uno tenía que acoger a un músico en su casa y darle comida y alojamiento. Como recuerdo cuando venía Adolfo Vila con sus carretillas, los cohetes y petardos en la procesión, el volteo de las campanas y, ¡cómo no!, la charanga hecha de los más increíbles materiales de Pedro Lillo (aquel alatozano ausente que trabajaba en el hogar manchego de Valencia y que su única ilusión era engrandecer su pueblo). Recuerdo los trajes que nos preparaban nuestras madres y los sastres (Juan el sastre y su padre, José Antonio Carrión –ayudado por el cojo de Társilo-, Nicanor); aquellos trajes que estrenábamos el día de la fiesta y nos habría de servir para todo el año…; …aquellos trajes pagados con los jornales ganados a fuerza de sudor y golpe de zoqueta en la siega por tierras murcianas y valencianas. Y las barberías: la de Emiliano (al que los críos le teníamos miedo porque cuando nos veía hacía el ademán de que con la navaja de afeitar nos iba a cortar la oreja); la de Andrés, con su pelo inmaculadamente blanco y su mujer cosiendo, que vivía enfrente del antiguo frontón, al lado de las escuelas, con el olmo gordo y el paraíso…; y la de Genaro, situada en medio de la cuesta de la iglesia. Y otros recuerdos, y más recuerdos, se agolpan en la mente de mi comadre: la tienda de Paco, el de Mariano; la de la Ginesa ; la del tío Pedro; la de Garri; la de Nicanor; la de Costa, que la traspasó aquel lejano 28 de septiembre de 1932 a un tal Pedro, que era de Silla y vendía telas. ¿Y, por qué no hablar de los hornos?: el del Médico, el de Mariano, el de Periquín, el de Tárraga,… los más antiguos. Aquellas artesas donde nuestras madres preparaban la masa, muy de mañana, y la tapaban con una sábana inmaculada y una manta para que no se enfriase y, aún antes de hacerse de día, la metían en el escriño con la manta y la sábana y le daban forma al pan hasta que tocaba el turno y lo metían en el horno…, aquel horno donde ardían las ramas de pino; y luego a la panera y… aquel pan, sudado primero por nuestros padres y luego con el cariño de nuestras madres convertido en un pan que no se ponía nunca duro. Era normal que ese día se almorzase con torta de sardinas…. sardinas de cuba, aquellas que, para comerlas crudas, se prensaban en la puerta para quitarles las escamas. ¡Y de las almazaras, lagares y tejares! ¡Y de los basteros, furrieles, correacheros, guarnicioneros o talabarteros: Huerta (padre e hijo), Paco Egido y Florián! Hablar de casinos, bares, tascas y tabernas sería muy largo y si mis queridos vecinos no se estuvieran durmiendo, si que acabaría haciéndolo… Había una venta en el “Paraor” (por Parador), sitio obligado para la gente que iba por el Hontanar donde también había otra, enfrente de los Blasotes de la que, como último vestigio, quedan unos pequeños muros y, en el camino, las huellas en la cingla del paso de los carros. Otra posada era la de Rosendo, pero las más famosas eran la de Sotero y la de Leal. La posada de Sotero estaba ubicada en donde, durante años, hubo una alcoholera -para los más jóvenes, era una parte de lo que hoy ocupa el merendero de Juan Carlos-; allí se vendía el pescado, que lo traía Santa Creu de Calpe, y vendían fruta un tal Patricio y su mujer, a la que llamaban “la pollera” (no por mal nombre, sino porque compraba huevos, pollos y gallinas), y también un tal Pedro. Sotero -el marido de la Nieves (la posadera)- era taxista, con pelo negro, enjuto y no muy alto; recuerdo que siempre estaba debajo del coche, al que llamaba “la desgracia de Dios” porque cada kilómetro que hacía, le costaba desarmar hasta el último tornillo… La posada de Leal era donde se refugiaban los tratantes de mulas. Hubo una vez que le quitaron la lana de los colchones y los llenaron de paja, llevándose la lana. Tres cines he visto en Alatoz: en el Trullo, en casa de Mariano y en casa de Laureano. Recuerdo también cuando pintaron la iglesia. Fue responsable un ministro de Franco que se llamaba de apellido Uriarte y sacaron restos humanos al cambiarle el piso. Mi comadre no puede olvidar a aquellas señoritas que vinieron de la Sección Femenina y les enseñaron a bordar, a leer, a cocinar, a bailar jotas, etc… (aquello fue un aire fresco –que dice mi amiga- que recorrió el pueblo y perduró durante bastante tiempo). Y, como no podría ser de otra forma, qué menos que nombrar a los maestros y maestras: a don Elías (que todos habéis conocido); a don Juan (que era de Alpera o de Almansa), al que, por muy lejos que estuviéramos de él, teníamos que decirle “buenas tardes, don Juan”; a don Santiago; a doña Etelvina Bonastre; doña ¿Beatriz?; y, la más famosa, doña Antonia, casada con don Ramón, aquel hombre campechano que se hizo íntimo amigo de Juan Ramón y de Perico el del Hontanar y les ayudaba en sus menesteres. Aquel hombre arraigó muy bien en Alatoz. Su esposa doña Antonia ¡como nos llevaba en el mes de mayo a cantar a la iglesia!, cuando nosotros estábamos pensando,las chiquillas, en jugar a las muñecas y los críos en ir a buscar nidos por entre los almendros, ya con el fruto cuajado, y el tirachinas en el bolsillo. Anteriormente a ellos, el padre de Gonzalete; don Antonio Carrasco; y otro más, que debió vivir en la calle Fraguas, al que le dedicaron una plaza,… si mi comadre no recuerda mal se llamaba Pastor de apellido. Mi vecina, por un momento, se mesa el pelo canoso por debajo de su pulcro pañuelo y, tras un ¡ay!, recuerda como se lavaba el pelo con jabón de losa, vinagre y una yema de huevo, cuando era moza,… La noche se va alargando y mi comadre –madrugadora- tiene ganas de irse a la cama a seguir soñando. ¡Sabe Dios los pensamientos que recorren su cabeza tras esos ojos marchitos por la edad! Para terminar, he de recordaros algunas efemérides: tal día como mañana –y coincidiendo en sábado como este año, pero hace 74, el día 30 de septiembre hubo dos bailes en este pueblo, uno el de Valero y otro que se hizo en el horno del Médico. Solamente lo digo como mera anécdota, pero hay otra más importante: el día 1 de Octubre de 1931, hace 75 años, hubo tres mujeres que, siendo Diputadas, lucharon en pro del voto de la mujer: Margarita Nielque, Victoria Kent y Clara Campoamor. A vosotras, mujeres alatozanas, que os sirva el ejemplo que dieron estas españolas para generaciones venideras. Hoy es un día de fiesta, yo diría que de gran fiesta. Pues bien, bendita la hora que vuestros pasos han vuelto a este pedazo de tierra. Decía don Enrique Tierno Galván (el mejor Alcalde de Madrid, después de Carlos III), que las fiestas tienen que ser como las minifaldas: cortas y que enseñen mucho. Vamos a cumplir por lo menos con el primer precepto: Las fiestas son la máxima expresión de las libertades públicas y cada uno, desde su responsabilidad, las ejerce como quiere. "Pero conviene que nadie hinche o incremente tanto su libertad que dañe o merme la del otro. Principio que debiéramos todos guardar con sumo celo, pues de la libertad hemos de gozar proporcionalmente para que sea bien común y no de algunos, que buscan hacer particular provecho de lo que Se me olvidaba deciros, querido pueblo de Alatoz, que Dios creó el mundo en ocho días,… el sexto, creó al hombre,… el séptimo descansó y …al levantarse el séptimo día, pensó que tendría que poner en algún sitio al hombre y a la mujer y, entonces,… … … … … … ….Dios creó ALATOZ. Otro día continuaré con mi historia…
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