ARTÍCULO DE OPINIÓN (Fuente: Ecologistas en Acción de Albacete) Para los que sentimos que la fiesta taurina es un espectáculo gratuitamente cruel, el verano, pletórico de corridas, nos aguijonea continuamente, ya que no hay día en que los noticiarios nacionales, regionales o locales no comenten el transcurso del festejo de turno, al tiempo que nos muestran cómo el animal es lanceado por el picador, ensartado por las banderillas o atravesado por la espada. A mi entender, es una perversión contemplar como positivo todo lo que sea tradición, sin más reflexión. Porque las sociedades avanzan cuando renuncian a arraigadas costumbres que en determinado momento dejan de parecer éticas. Ejemplos los hay a montones: En el Imperio Romano, el espectáculo era ver cómo peleaban y morían gladiadores, o cómo seres humanos eran devorados por fieras. Hace menos años que se justificaba la esclavitud, o que se impedía votar a las mujeres. En cada momento, los defensores de las ahora tan inmorales conductas se han justificado en la tradición para mantenerlas. Y aunque al perdurar con los años, las actividades humanas pasan a formar parte de la cultura de un país o una comarca, eso no implica darle el marchamo de que sea ético. Porque ese es el fondo de la cuestión, si es o no ético el ocasionarle a un animal un terrible daño y finalmente su muerte para entretener a los “humanos”, o por mantener esa cultura. Y ante los que creemos que no es ético, los argumentos aportados por los taurinos: “el toro da de comer a mucha gente”, “es una tradición que no se puede perder”, quedan en un nivel inferior. Pongo en el mismo nivel de inmoralidad la justificación económica que se da para apoyar la caza lúdica, o la instalación de una fábrica de helicópteros de guerra. Es evidente que la afición es transmitida habitualmente de padres a hijos. Una vez inoculado el “virus taurino”, las reflexiones éticas brillan por su ausencia. Por ello, los extranjeros perciben, en general, nuestra fiesta como salvaje, mientras nosotros hacemos lo recíproco con las “bárbaras” costumbres foráneas (caza del zorro, peleas de perros, lanzar la cabra desde el campanario,…). Mientras, para contrarrestar las claras directivas europeas prohibiendo los toros por su evidente maltrato animal, los gobiernos españoles hacen piruetas para mantenerlos acogiéndose al aspecto cultural. Resulta además sorprendente que el interés generalizado de evitar que los niños sean espectadores de programas violentos, se olvide pasmosamente con la emisión de corridas en “horario protegido”. Y el mensaje que les llega es que hay justificación para maltratar animales. Me quedo con esta frase de Leonardo da Vinci "Un día llegará en que los hombres, como yo, miren el asesinato de animales como miran hoy el asesinato de los hombres". Fernando Sánchez. Ecologistas en Acción – Albacete. Junio de 2008. |