De Alicante a Burgos por la Ruta de la Lana en agosto del 2008 (El silencio en la mirada)
Índice
I.- Índice. II.- Prólogo. IV.- Advertencias. VI.- De Alicante a Burgos por la Ruta de la Lana en agosto del 2008. LVII.- Acogida en la Ruta de la Lana.
Prólogo. (De mí y de los otros caminos a Santiago) El segundo y último peregrino pedestre que encontré el agosto pasado en el Camino de Madrid me preguntó por qué hacía el camino: ..... - Por andar. Se mofó de mi concisa respuesta, que consideró pobre. Él se mostró ardiente defensor del Camino Francés y me echó un discurso alabando las grandezas de tal camino. Le escuché con respeto y ni supe ni quise argumentar mi pobre respuesta. Es probado que la inmensa mayoría de peregrinos que encaminaron sus pasos hacia la tumbal del apóstol discurrieron por el camino que cruza los Pirineos en Roncesvalles, pero también es probado que desde la península ibérica muchísimos peregrinos salían desde su casa, estuviese donde estuviese. Y la historia se repite: la inmensa mayoría de peregrinos discurren en la actualidad por el Camino Francés. Otros no, otros preferimos descubrir otros paisajes y paisanías. Han crecido en cantidad y calidad las asociaciones dedicadas al Camino de Santiago. Muchas de ellas están trazando caminos alternativos, caminos que parten o transcurren desde/por sus lugares de origen. He tenido la fortuna de descubrir varios de estos caminos. Este agosto me ha tocado acariciar el silencio durante 22 días yendo desde Alicante hasta Burgos por la Ruta de la Lana. Es triste ver que el pueblo esté cada día más automatizado por el poder establecido, y es más triste aún descubrir que consciente o inconscientemente el pueblo caiga en la misma aberración. La verdadera libertad, ese díscolo y ansiado concepto, la perseguimos también aquellos que nos echamos la mochila a la espalda expectantes de que la tierra que pisemos nos hable y abrace. Pues bien, parte de las medidas adoptadas recientemente en el Camino Francés la coartan. Los otros caminos a Santiago comportan una dosis importante de improvisación y sorpresa que ya no ofrece el Camino Francés. La frescura de las gentes en el trato hacia el peregrino sigue latente. Encontraremos miles de caras de incredulidad ante nuestro caminar, Y es muy probable que la soledad nos salga al encuentro en el primer paso y se convierta en nuestra única compañera. Abandémonos a ella, démosle la mano y mostrémosle la mejor de nuestras sonrisas. Ella nos facilitará acariciar la libertad. Convirtámonos en amantes de la tierra que pisamos y es posible que nos regale la oportunidad de unir nuestros cuerpos y almas a ella. A mí me desagrada la ostentación del clero tras el románico y me violenta sobremanera su opresión y represión para con el pueblo desde entonces. Veo, por ejemplo, la catedral de Burgos, y sólo pienso en la explotación de muchos obreros en su construcción y en la hambruna que pudo ser aliviada si los bienes hubieran sido repartidos de otra manera. Muchas veces paso por los pueblos y ciudades como una sombra y no me paro a contemplar sus edificios, sean o no emblemáticos. En cambio sí me paro mucho en los caminos para descansar y contemplar el alrededor o el vacío, que es más bien lo que me facilita unirme a la tierra, lo que me sublima. Ya alcancé Santiago por todos los caminos señalizados. Ya conozco esa bella ciudad (nunca la conoceré del todo, como a ninguna). Ya no me atrae fijar mi meta allí. Para definirme me quedo con la primera acepción del D.R.A.E.: ..... peregrino, na.: 1. adj. Dicho de una persona: Que anda por tierras extrañas. Tras seis años intensos de aprovechar cualquier vacacción para irme al camino aún no sé a ciencia cierta por qué voy, en serio, así que mi pobre respuesta sigue siendo la misma... .... - Por andar.
Advertencias: 1ª.- Las líneas de esta pequeña obra han sido redactadas para contar mis experiencias durante el camino que recién anduve. Intentaré así amenizar las descripciones del camino que quiero divulgar y potenciar, que es el motivo fundamental de la creación de aquéllas. La Ruta de la Lana enlazada desde Alicante me ha regalado multitud de momentos de paz y de comunión con las gentes y las tierras y mi pretensión es invitar a los amantes de los caminos a realizarla. Como ya dije he tenido la fortuna de poder caminar sobre la mayoría de caminos a Santiago y de largo es el camino donde mejor me han recibido y tratado. Desde aquí sólo puedo agradecer a todas las personas que han sido generosas conmigo, que han sido muchas. Las conocereis leyendo la obra. Prefiero no decir nombres ahora por si olvidara alguno. Durante los 22 días que empleé en culminar la ruta he pasado horas y horas completamente solo por los caminos, sin ver otra alma en el horizonte. La tierra se ha convertido así en mi amante y me he abandonado en su regazo. Y he penetrado en lo más profundo del silencio, ese dulce y sonriente amigo. Agradezco, asímismo, la compañía de mis hermanos viento, sol, agua, cielo y horizonte. 2ª.- La descripción de los caminos será somera. Recomiendo mucho que el que se disponga a afrontar esta ruta lleve una copia de este rutómetro: http://www.peregrinosdealbacete.org/02%20caminos/10%20lana/rutalana.html Es un trabajo realizado por Paco Serra y Manolo Aliaga, de Novelda (Alicante). Esta ruta está señalizada desde el 2001 de cabo a rabo pero en el tramo final hay pequeños trayectos insuficientemente señalizados. Aún así me he desorientado poquísimo. Sé del denodado esfuerzo de las asociaciones implicadas en esta ruta en la perfecta señalización del camino. Ya falta muy poco para ello. También recomiendo la guía publicada por Jesús H. Pareja y Vicente Malabia titulada La Ruta de la Lana, que fueron, creo, los pioneros en diseñar y potenciar la ruta. Esta guía os la facilitarán en Cuenca los integrantes de la asociación conquense del camino. 3ª.- Tomé notas durante la primera parte de la ruta, esto es, Alicante – Cuenca (once días). Más allá será mi memoria la que describirá directamente ayudada por las fotos que hice y por el rutómetro susodicho. Ruego disculpas si cometo alguna imprecisión mas intentaré no cometer ninguna. 4ª.- La obrita va acompañada de una serie de fotos. Las podeis ver aquí: http://picasaweb.google.es/pepekoete/RutaDeLaLana1220808# Es la ruta tal cual es, a veces bella, a veces no tanto, simplemente otro camino con toda la grandeza que implica. Hay muchas más fotos de la segunda parte de la ruta (Cuenca – Burgos) que de la primera. Salió así, sin más. 5ª.- La distancia recorrida en cada etapa por mí no coincide a veces con la expresada en el susodicho rutómetro. Explicaré por qué en las etapas respectivas.
De Alicante a Burgos por la Ruta de la Lana en agosto del 2008 (El silencio en la mirada) A mi bisabuelo José, pastor y sabio. .......................................... 1ª Jornada: Alicante – Novelda (27 kms.) Un señor con bigote y otro con barba Esta etapa es, de forma purista, de 32 kms. Decido hacer 27 por varios motivos: Se puede hacer el tramo Alicante – Villena en 2 ó 3 etapas. Después, indefectiblemente, los 41’5 de la etapa Villena – Almansa son intocables a no ser que durmamos en el campo. Las posibilidades son: ....... A.- Alicante – Orito.- 23 kms. ....... B.- Alicante – Novelda.- 32 kms. El plan A no es para mí atractivo, no así el B aunque un poco fuerte para empezar pues acto seguido viene la casi maratón hasta Almansa. Esta noche he dormido en casa del señor del bigote, mi hermano Antonio Gómez, quien me ofreció la posibilidad de acompañarme durante mis primeros pasos. Él me propone algo que le iba a proponer yo, esto es, salir desde el cementerio de Alicante y no hacer los 5 kms. iniciales de itinerario urbano alicantino. Acepto de buen grado pensando en las etapas siguientes. Nos levantamos temprano para evitar algo el calor. Es curioso que me despedí de unos amigos citando unos versos de Miguel Hernández y que empiece mi periplo con otros versos del poeta en la fachada del cementerio. Antoñito contempla con curiosidad mi pequeño ritual de besar mis piernas antes de comenzar a caminar, ritual que acabaré cumpliendo ante la catedral de Burgos. Ellas son siempre las verdaderas protagonistas y me gusta rendirles debida pleitesía. Arrancamos pues por La Senda del Poeta (en referencia a M. H.). Los primeros pasos son ante la típica panorámica periférica de gran ciudad. Tras 4 kms. llegamos a una bifurcación. Mi recomendación es girar a la izquierda y seguir La Senda del Poeta, que a veces se hace senderín y que parece algo más corta. El camino de la derecha es más apto para bicis. Tras cinco kilómetros los dos caminos coinciden en la ermita de El Rebolledo, que es donde me despido de mi Antoñito. Espero verlo pronto. En la ermita realizo con torpeza la primera cura de la herida que me hice en Sevilla en el talón, herida que no se me curará definitivamente hasta bien pasadas las dos semanas. Ya camino solo y en breve recibo el primer saludo de la sierra, la Cruz de Orito me espera allá en lo alto. La mañana se levantó cubierta mas no dura demasiado. Como me avisó Antoñito y me confirmará Paco Serra la humedad marítima se nota en la provincia alicantina hasta Villena. Empiezo a comprobarlo subiendo hacia la Cruz de Orito. Sudo bastante aunque la subida no es dura. Una vez en lo alto me voy directamente a saludar a la primera y bondadosa fuente del camino. Saludo al santero dentro de la cueva y platico algo con él. No es persona de muchas palabras así que decido bajar inmeditamente el monte. Acabando la bajada diviso a mi derecha un pequeño oasis de sombra con dos bancos para el descanso. La primera gran tumbada de mi camino es inminente. Aparece un gitano que sube descalzo el monte. Ya descansado me dirijo hacia Orito. Diviso el primer bar y ni lo pienso. Saboreo con sumo placer una tapa de papas ali-oli y dos tintos veraniegos. Estoy en la barra, ya que soy carne de ella, mientras afuera, en la terraza, una joven pareja practica tocamientos mientras conversa. Estoy en lo mío pero no puedo mirar de vez en cuando cómo él le pasa bien la mano por el adolescente y exquisito muslamen e incluso por la entrepierna. La chica se levanta y viene hacia la barra. Contemplo ensimismado su firme trasero mientras finiquito el segundo tinto y pago a la camarera. .... Salgo de Orito por la carretera adyacente a la ermita. Acompaña a la carretera un vía crucis y recuerdo el firme trasero adolescente recién admirado... La carretera es concurrida de coches y tiene un pequeño arcén de tierra que aprovecho gustoso. En un santiamén llego a Monforte del Cid. Me desoriento un poco en el centro de la ciudad pero una lindísima cartera me reubica. Descubro un parque que recibe mi reposo junto a una cuadrilla de musulmanes que devoran melocotones. De Monforte hasta Novelda hay escasos 4 kms.. Dormiré en el albergue de Novelda, que es un piso propiedad de Paco Serra amueblado al efecto. Paco ha tenido que abandonar el pueblo y me deja las llaves en una gasolinera. El empleado no sabe de lo que hablo, no está muy dispuesto a buscar unas llaves que desconoce y le pregunto a qué hora empezó su turno: .... - A las 14 hs. Es entonces cuando las busca y encuentra con prontitud. El piso lo encuentro fácilmente ya que está a la entrada del pueblo. Compruebo todas las camas y me decido por una; una ducha y una siesta merecida siguen ese acto. Paco regresa de su cita. Charlamos un buen rato pero debe abandonarme ya que olvidó las gafas donde fue al mediodía. Salgo a comprar al supermercado y a tomar algo mientras le espero. Llega sobre las 22:30, nos vamos a tapear, me lleva al sitio desde donde debo partir al día siguiente y me acuesto pasada la medianoche.
2ª Jornada: Novelda – Villena (36 kms.) El señor de las medallas. El señor de las medallas es mi apreciado hermano Paco Lara, que tiene una fábrica de calzados en Elda y que hace medallas de cuero para regalar con el símbolo de la Asociación del Camino de Santiago de Alicante. A pesar de haberme acostado un poco tarde hago un esfuerzo para levantarme temprano y evitarme así alguna hora de calor. El camino hasta Novelda es un agradable paseo por la rambla del Vinalopó. Paco Serra me contó que alguien se despistó en el trayecto. Si hubiese dudas recomiendo tener siempre referencia de la rambla, ya que ésta nos conduce directamente a Elda. Por la noche había decidido subir a visitar La Magdalena, a la salida de Novelda, mas recién levantado no se me apetece pensando en que la jornada será algo dura. Saludo a caminantes y ciclistas que salieron a dar un paseo. Como el día anterior la mañana empezó cubierta pero el sol impera pronto. En Elda me espera Paco Lara, al que acompaño a desayunar mientras charlamos un buen rato. Lo convenzo a que me acompañe hasta la salida de la ciudad y accede cordialmente. Ayer tuvo comida de empresa y la leve resaca le hace resoplar a veces. Me regala media docena de medallas para que yo las done al que me ayude en mi caminar y nos despedimos. La salida de Elda discurre a la derecha del hospital y se convierte en su tramo final en un breve pero duro repecho. Le sigue un tramo de bajada y al poco vamos anexos al río por su izquierda. A dos kilómetros de Sax saludo a un viejete que se afana en su humilde huerto. Resulta ser nativo de un pueblo jiennense que está muy cerca del pueblo de mi fallecido padre. Me ofrece una cerveza pero sólo le acepto agua fresca. Al poco las señales indican cruzar el río pero desde el camino no se distingue el paso. Decido continuar y a unos 500 metros el camino acaba en maleza y no se puede cruzar el río. Los 35 kms. de la etapa se convierten así en 36. Regreso y me percato de que el vado está escondido entre las cañas. Aliviado llego a Sax y busco un bar a las afueras del pueblo para picar algo. A unos 50 metros de la carreterilla que lleva a La Colonia De Santa Eulalia se encuentra un hotel que oferta menús a 10 euros. La gente sale del comedor satisfecha mas me apetece picar algo fresco, que acompaño nuevamente de abundante tinto veraniego. Ya descansado me dispongo a afrontar los 5 kms. de carretera que me llevarán a La Colonia. Piso poco asfalto ya que también existe un pequeño arcén de tierra. Me meto, además, en eriales que tienen poca maleza. Llegado a La Colonia busco una fuente que no existe. Llevo el agua muy justa y decido tumbarme en un banco de la plaza. Hay un bar que está cerrado a cal y canto. De vez en cuando automovilistas, ciclistas y motoristas llegan a la puerta del bar y se van decepcionados. Durante los 8 kilómetros que faltan a Villena raciono el agua a conciencia. El camino es sosegado mas con poca sombra. Por fín en Villena me dirijo al ayuntamiento porque allí quedé con Paco Serra. Me explico: En Villena no hay acogida y según mis conocimientos sólo existe un hotel. Cobran 37 euros la noche. Informado Paco del asunto se prestó a recogerme en Villena, llevarme de vuelta al albergue de Novelda y depositarme de nuevo en Villena a la mañana siguiente. No pude rechazar la suculenta oferta. Pegado al ayuntamiento hay un bar ante el que me postro percibiendo las miradas de estupefacción de los asistentes a una boda. Muerto de sed pido primero agua y después dos birras que trasiego con fluidez. El bar está lleno de asistentes a la boda y hago perfecta sintonía con sus trajes caros y sus perfumes lleno de sudor y ya maloliendo. Paco llega y me lleva de vuelta a Novelda, donde ceno frugalmente en un bar de sudamericanos. Me acuesto reventado a las 22 hs. Antes compruebo que me han salido dos ampollas simétricas en ambos pies bajo respectivos dedos gordos.
3ª Jornada: Villena – Almansa (39 kms.). Estrenando flechas amarillas. Como prometió, Paco aparece temprano para llevarme de vuelta a Villena. Me deja a las afueras del pueblo y así me ahorra el tedioso discurrir por el pueblo (de ahí que la etapa sea acortada en dos kilómetros y pico). Paco me regala un sombrero de paja (el primero de los tres que usaré) y se presta a repintarme la etapa hasta casi el final, así que voy estrenando señales. El camino es plácido y ya noto que el nivel de humedad ha bajado. La rabia y la impotencia me embargan cuando circundo la cárcel. Dispuesto ya a gritar a pleno pulmón – ¡Cárcel no, amnistía!, aparece una patrulla de la guardia civil. Me trago la protesta y descanso tras haber abandonado la inhumana edificación. Me cuesta levantarme ya que tengo todo el pantalón lleno de resina. Ya me acompañan un par de docenas de moscas cada vez que descanso, moscas que, especialmente, en la provincia de Albacete, me darán bocados a diestro y siniestro. Les gustan las heridas y visitan, preferentemente, las que tengo en ambos empeines y en el talón derecho. La sombra acompaña poco y llego sediento a la aldea de La Encina. Paco me espera en el bar “Tele - Club”, se toma una cerveza conmigo y se despide definitivamente. Su generosidad para conmigo ha sido espectacular y le estaré siempre agradecido. Logro comer un bocadillo casi suplicando ya que el camarero, desde un principio, se muestra ultradesagradable hacia mi persona. Tras una discusión que dura poco abandono el bar y me dirijo a la fuente para recargar agua ya que aún me quedan 20 kilómetros durante los cuales no encontraré nada para aprovisionar. Unas niñas pequeñas lindísimas charlan conmigo y consiguen desenfadarme algo. Me desean “buena excursión” y me despido. Al poco me encuentro con un pastor. Le cuento mi no grato encuentro con el camarero del bar, añadiéndole que su mujer cocinera me trató estupendamente y cortó la discusión. Me comenta que esa pareja tiene algo de policial, que se turnan los papeles de “bueno” y “malo” y que ambos pueden llegar a ser hartamente desagradables. Creo que hay otro bar en la aldea, así que no recomiendo en absoluto ir a éste si no hay perentoria necesidad. El camino hasta Almansa es asaz tranquilo pero el cansancio hace mella en mí y tengo que descansar cada poco. Antonio Gómez me llama y me alegra la tarde. Ya me queda poco ya que desemboqué en el antiguo camino real que viene de Valencia. Recibo las primeras ayudas de Pedro Antonio, presidente de la Asociación del Camino de Santiago de Albacete, ya que éste mandó a un peregrino de Almansa avisar a las monjas que me van a acoger. Anhelando el descanso en el convento soy muy bien recibido por una simpática y curiosa hermana, ya que mientras habla emite, al tanto, pedos inodoros que musican la conversación. A mí, por supuesto, no me molesta. Mi habitación da a un patio presidido por un loro locuaz que llama desesperadamente a un tal Paco, que pide pollo para comer y que consigue que olvide la ardua jornada. .... El centro de Almansa está repleto de paseantes, me agobio del ruido y busco un bar tranquilo para cenar. Lo consigo y tengo una agradable conversación con el dueño. A las 10 y cuarto estoy de vuelta en el convento. Saludo a la hermana y a su incontinencia y le entrego un donativo. A la cama de cabeza.
4ª Jornada: Almansa – Alpera (24 kms.). El padrino. He descansado como un bendito. Nueve horas y media encamado. Además, tengo la excusa perfecta para levantarme tarde pues el supermercado vecino lo abren a las 9:15. Durante los 24 kms. no podré abastecerme así que cargo con la suficiente comida y agua. Primeros kilómetros en donde noto el cansancio acumulado durante las tres primeras jornadas. Zona de urbanizaciones. Tras unos ocho kilómetros y ya apretando el calor entro en un coto privado de caza que tiene paso. Sin saberlo habré de circundar la montaña que tengo enfrente. Muchísimos conejos huyen asustados. Habiendo sorteado la montaña el camino discurre paralelo a la vía del tren que ha sido propuesta como vía verde. Más conejos todavía. Tras una hora aproximadamente de ir paralelo a la vía la cruzo para desembocar en la Hacienda El Carrascal, donde un jornalero me lleva hasta el pozo y me ofrece agua fresca. Busco el pino inclinado que hace de referencia y al poco me encuentro el hito bien señalizado que marca la división del Camino de Levante y el de la Ruta de la Lana. Alpera ya está cerca y culmino la etapa contento y relajado. He quedado con Pedro Antonio en una fuente ornamental en la que meto la cabeza varias veces espoleado por un lugareño. Y ahí está Pedro Antonio, que me ofrecerá su apoyo logístico y moral hasta el mismo Burgos, de ahí que no tuve otra que bautizarle como el “padrino”. Tras tomar un café me lleva a su consulta ya que él es médico. Me da a comer lo que le llevan a él ya que está a régimen, me cura las heridas de los pies y me receta algo para el estreñimiento (así estuve los primeros 4 ó 5 días) y una pomada para aliviar el ardor de pies. Me recomienda no sacar el agüilla de las ampollas de las plantas de los pies (que es lo que está produciendo el ardor) ya que están poco llenas. A la postre, desde sus nacimientos coetáneos, la ampolla derecha me acompañará 18 días y la izquierda 19 y se secarán solas. Los ardores se irán en 2 ó 3 días a partir del consejo del padrino. Hay una especie de albergue juvenil en el pueblo pero la alcaldesa me paga, motu proprio, una pensión. En ésta intento sestear mas sólo logro estar tumbado un par de horas (que ya es un éxito). .... Ya bien descansado voy en busca del padrino el cual, además, me invita a cenar. Me acompaña a la pensión y nos despedimos hasta el día siguiente.
5ª Jornada: Alpera – Alatoz (26 kms.). El Rosendo. A las 8 y poco ya estoy caminando. Dudo un poco a la salida del pueblo y pregunto a dos ciencuentonas con pinta de ir a pasear. Resulta que van en la misma dirección y se unen a mi paso durante 3 kms. Una de ellas es muy atractiva. Las invito a que me acompañen durante toda la etapa aún conociendo ya la respuesta de antemano (que si maridos y chiquillos) y me despido con gratitud. El camino durante los primeros 8 kilómetros discurre por una vega bien sombreada y marcho agustísimo. Al poco me cruzo con un pastor, que me ofrece parte de su almuerzo y que rechazo agradecido, y le pregunto por la Fuente del Piojo, que está cerca del camino. No quiero dejarla pasar ya que me han hablado bien de ella. Gracias a las indicaciones del pastor vislumbro la fuente y permanezco en ella durante más de una hora aliviando los pies y el hambre. Refrescado a más no poder retomo el camino con renovadas energías. Es otra etapa en la que no podré abastecerme hasta el final. Entro en una pista de monte en la que están realizando obras. Casi todos los camiones y automóviles pasan a mi lado sin desacelerar y me impregnan de polvo. Sigo en la pista que me conducirá a un camino de monte bajo que no abandonaré hasta Alatoz. Me habían hablado de otra fuente poco antes de llegar al pueblo. La encuentro recién descansado y paso de largo anhelando otear ya las primeras casas del pueblo. No veo el pueblo hasta tenerlo bien cerca. El padrino me había indicado que fuese al mesón de “el murciano y la Puri” para que me dieran allí de comer. Lo encuentro por casualidad. Me están esperando. Están casi cerrando mas me preguntan qué voy a comer. Rechazo porque no tengo hambre mas sí me tomo un par de cervezas. Emilio “el murciano”llama a la persona que me ha de guiar hasta el albergue, que resultará ser “el Rosendo”, apodado así por llamarse así su padre. Miguel Ángel (“el Rosendo”) se toma una birra conmigo y otra en el siguiente bar (que resultará ser la sede de la Asociación del Camino de Albacete), me lleva acto seguido al albergue, me da las llaves y me ofrece su lavadora. Siendo ya las 18 hs. nos vamos los dos a sestear y quedamos para más tarde. No concilio el sueño pero vagueo suficientemente. A las 20 hs. me dirijo a su casa (anexa al albergue) y con lo que observo me da por pensar que aún duerme. Opto por no molestarle. Me voy al primer bar y me tomo una birra relajadamente. Tengo hambre y me encamino al mesón (que está a 10 ms. del otro bar, esto es, de oca en oca) para cenar. Emilio me comenta que esa noche preparará un cochinillo para unos familiares suyos de Gijón, que sobrará carne y que estoy invitado. Estoy cansado y el único pero es que cenarán a la hora de cierre. No sé si aguantaré despierto. De momento le pido una ración de carne en adobo que me sirve abundante y riquísima. Las birras se suceden. Al ratillo aparece Miguel Ángel, acompañado de Merche, que me cuenta que un poco antes de las 20 hs. fue a buscarme pero creyó que aún dormía y no quiso molestarme (¡vaya dos!). Merche nos da un discurso sobre el acto vil cometido sobre el protagonista de nuestra cena. No le echamos mucha cuenta y cerveza va y viene. Nos vamos un rato al otro bar hasta que nos llaman para la cena. Casi una docena de comensales esperamos hincarle el diente a tal magnífico manjar regado por buena sidra asturiana. Me presentan a más integrantes de la asociación y discuto no agriamente con los asturianos sobre fútbol ya que son sportinguistas. He cenado dos veces pero me cabe aún más. Charlas de sobremesa. Ayudamos a recoger la mesa y nos tomamos una copa en el bar contiguo. Miguel Ángel y yo vamos bien contentos aunque Merche nos gana por goleada a base de tequilas. Algo más allá de la una es cuando el ya mi hermano “Rosendo” y yo nos encaminamos a la piltra. Miguel Ángel busca desesperadamente una camiseta de la asociación que me iba a regalar y que no encuentra. Recojo la ropa colgada que ya está seca y resoplando me meto en el saco.
6ª Jornada: Alatoz – Casas Ibáñez (30 kms.). El baño merecido. No me levanto con el despertador sino algo más tarde. Padezco la enfermedad humana más común: Resaca. La cabeza me duele a cada movimiento, el estómago me arde y tengo algunas náuseas. Miguel Ángel, preocupado, me llama y quedamos para desayunar. No encuentro mi navaja en la mochila, le pido un cuchillo de cocina para el viaje y me regala una buena navaja albaceteña. Además encuentra la camiseta, camiseta bien chula que luciré en todas las tardes siguientes. En el bar dejé los recipientes de agua en el congelador y mientras deambulo por los caminos como alma en pena trasiego una fresca agua milagrosa que hace que me recupere pronto. Una horita de camino de tierra, media hora de carretera y ya, en medio del monte, soy un hombre nuevo. Tras abandonar el monte camino por una pista que no abandonaré hasta Casas del Cerro. Tengo algunos momentos de duda porque hay una piedra con señal que parece movida y llamo a Miguel Ángel, que me solventa el problema. Más adelante un ciclista me confirma que voy en la dirección correcta y que no abandone la pista. Nada más llegar a Casas del Cerro encuentro un bar que asalto. Los tintos de verano reconfortan mi espíritu y como algo mientras tengo una gratificante conversación con dos pastores. Uno de ellos me indica dónde debo iniciar la bajada hacia Alcalá del Júcar. Justo antes de empezar a bajar un lugareño con acento argentino (no será tan lugareño) me indica motu proprio que existen dos senderos: el corto y el largo. Ya por el corto descubro que las flechas amarillas discurren también por él. Llegado a Alcalá del Júcar pregunto por una fuente. Está al inicio de los aparcamientos de la playa fluvial. Acabo de descansar en el pueblo de arriba y mi intención es no parar en Alcalá pero... ¡qué coño, un bañito hay que darse!. Consigo ponerme el bañador detrás de un coche y gozo del río como un enano. Además hay chiringuito y no perdono otro tinto y un bocadillo de bacon con queso. Otro baño. La subida es bien dura pero como acabo de descansar dos veces seguidas parece que tengo alas y no paro hasta el final de ésta, que es el inicio del sendero que me lleva hasta Las Eras. A mi izquierda la bella estampa del cañón por el que discurre el río Júcar. En Las Eras visita a la fuente ya que el calor hace mella. No consigo con prontitud encontrar el camino de tierra que me llevará a Casas Ibáñez. Por fín diviso la Cooperativa Las Eras y paso junto a ella. La perspectiva no es muy halagüeña con el sol asfixiante y me tumbo a la sombra de un almendro antes de afrontar los últimos 10 kms. sin sombra. Creo que mi destino es una aldea que queda a la izquierda pero me queda aún algún kilómetro. Por fín diviso Casas Ibáñez. En Casas Ibáñez habían acogido con anterioridad en el local de la Cruz Roja pero mi “padrino” llama al ayuntamiento para corroborar. Le comentan que ahora acogen en el local que tienen para transeúntes, que igual que la Cruz Roja está ubicado en la misma plaza de toros. Pregunto a una anciana por la plaza y según sus indicaciones me encuentro con una carretera. No me da buena espina y vuelvo a preguntar a un chaval que venía arrastrando una moto. Resulta ser algo retrasado pero me indica a la perfección el camino a la plaza. Le acompaño durante un centenar de metros casi cortando el tráfico de la carretera. Ya en los alrededores de la plaza sale a mi encuentro una familia. Me están esperando con las llaves de mi aposento. Es una familia sin recursos que provisionalmente vive en el albergue. Nos reímos un poco y me dan las llaves de lo que es mi habitación, que resulta ser casi un apartamento con cocina, baño completo y habitación. La vida es bella, sí. .... Tras holgazanear un buen rato salgo a cenar. Me tomo unas tapas regadas de fresca cerveza y al “apartamento” ipso facto.
7ª Jornada: Casas Ibáñez – Villarta (27 kms.). El alcalde y el susto. Etapa muy cómoda para el caminante: 14 kms. hasta Villamalea y después , en dos saltos, se planta uno en Villarta. Además siempre sobre tierra. Tendré la suerte, asímismo, de no cruzarme con un coche ni tractor en todo el día. Al principio ando un poco cansado y me pesa la casa (la mochila). Llegado a Villamalea busco un bar para almorzar. Las dos camareras son rusas. La que se dirige a mí parece que recién aterrizó en Iberia y no entiende nada de lo que le digo (tinto de verano y pincho de tortilla). Es espigada y guapa. La otra le traduce y consigo mi objetivo. Mientras almuerzo los del pueblo no paran de tirarle los tejos a la otra, que es bajita y algo fea pero que tiene una delantera que ya quisiera algún equipo de primera. No paro en El Herrumblar, último pueblo de la provincia de Albacete en mi camino. Pedro Antonio me comunicó que habían repintado las flechas en la provincia conquense hacía apenas dos meses. Lo compruebo con gusto pero la dirección de las flechas hasta Villarta no coincide con el rutómetro. Decido guiarme por las flechas. Acabo por perderlas pero ya puedo otear Villarta. Cruzo la carretera y pronto estoy en el pueblo. El “padrino” consiguió hablar con una peregrina del pueblo para que pidiera las llaves del centro social por la mañana y me dio su teléfono. Epi (la peregrina) y yo quedamos en el puente, me acompaña hasta el centro social y me da las llaves. Ella, por si las moscas, había preguntado también si había cama en la pensión, obteniendo respuesta negativa. En la puerta del centro puedo leer una serie de actividades a realizar a partir de las 18 hs. pero no se indica la fecha. Son las 17 hs. y hago del centro mi hogar. Efectúo mi primer “baño checo” del camino, que consiste en “introducir” y lavar una por una las partes del cuerpo en el lavabo (no hay ducha, evidentemente) mientras se escucha el chapoteo (“¡checo, checo!”) del agua. Paseo desnudo por el centro y me acuesto en una habitación llena de bártulos para molestar lo más mínimo si se diese el caso de que las actividades fuesen para el día corriente. Me presto a sestear pero al poco escucho multitud de voces y alguien abre la puerta sin cerrarla. Me levanto algo malhumorado y vuelvo a cerrarla. Me duermo... .... - ¡Recoja sus cosas o llamo a la guardia civil!. Parado y decidido ante mí un hombre bien corpulento... ¿pesadilla o realidad? Me incorporo algo mostrándole las llaves del centro y explicándole que a Epi se las dieron en el ayuntamiento. .... - Yo soy el alcalde y a mí no me han dicho nada. ¡Recoja sus cosas! Sigue aún enfadado. Le pido acogida en cualquier edificio público del pueblo y me explica que Villarta está en preparativos de fiestas y que hay actividades en todos los edificios públicos. Me propone llevarme al siguiente pueblo y le explico que yo he venido a andar y que intentaré dormir en Villarta. Me propone llevarme a otro pueblo contiguo el cual tiene autobus a las 7 a.m. hasta aquí. Mientras barrunto la proposición me dice que me lleva a la pensión del pueblo y le comento que está completa. De todas formas me lleva a la pensión y hay suerte: un obrero se fue antes de tiempo. Ya repuesto del susto y él del enojo me pide disculpas por su brava actuación. La pensión cuesta 15 euros y la habitación tiene una cama de matrimonio. Holgazaneo un rato y me voy al restaurante “Los Tubos”, que está enfrente del centro social y que además es propiedad de la dueña de la pensión. El menú vale 8 euros y la comida es abundante. Me sirve la cocinera, que es un encanto además de muy atractiva. Un par de niñas (que parecen hijas de ésta) danzan a mi alrededor de vez en cuando alegrándome el yantar. Ceno tranquilo y como un marajá y me despido con congoja de la cocinera y sus hijas. De vuelta en la pensión recibo una llamada inesperada de un hermano guipuzkoano que me alegra la noche. Mañana me dirijo hacia Campillo de Altobuey. Allí no hay acogida y el “padrino”, que no consigue hablar con Luis Cañas, peregrino de la capital conquense y alma mater de la asociación del camino de la provincia, me da el teléfono de dos peregrinas de Cuenca. Una de ellas no contesta y otra me dirá, a la mañana siguiente, que no tiene ni idea sobre la acogida en Campillo. .... Llamo a Antonio (“el comodín de la llamada”), hermano guipuzkoano residente en Dos Hermanas, para que me facilite el teléfono del ayuntamiento de Campillo y a dormir.
8ª Jornada: Villarta – Campillo de Altobuey (30 kms.). La cochera del cura. .... Antes de iniciar mi camino indagué sobre los posibles lugares de acogida y esta etapa se quedaba coja: No hay acogida oficial en Campillo. La tarde anterior la pasé preocupado pero la mañana me sorprende con su frescura y consigue que olvide la preocupación. “Vuelo” hasta Graja de Iniesta. A las 2 horas y pico de salir de Villarta entro en un pueblo. No me cuadran los 15’5 kms. observados en el rutómetro, más bien unos 9 ó 10. Pregunto a la primera persona que encuentro si estoy en Graja. Me contesta que sí y se sorprende de mi efusividad ante su respuesta. La etapa, inicialmente de 35’5 kms., pasa a ser de unos 30. Esto hace que me preocupe aún menos de la acogida que me espera en Campillo. Una niña pasea a un cerdo asiático con correa. Muere mi cantimplora. Llevaba conmigo 30 años y fue regalo en mi primera comunión. No resistió tanto congelamiento. Me dirijo hacia una tienda para comprar dos botellas pequeñas de agua mineral que me sirvan de recipiente. No las hay y la tendera se obceca en venderme una de litro y medio argumentando que sale más barata. No entiende que el problema no es económico sino de logística. Me dice que no hay más tiendas en el pueblo (después me saldrá al paso otra) y acabo comprando esa botella que no sé por qué milagro aguantará viva tantos días. Abandono Graja sonriente y al poco descanso para almorzar. Aprovecho para llamar al alcalde de Campillo. No contesta y le dejo un mensaje. El camino sigue siendo asaz agradable aunque ya el sol calienta. Llega un momento en que las flechas no coinciden con la descripción del rutómetro y me dejo guiar por las flechas. Saludo a cosechadores eslavos de los que no obtengo respuesta. El rutómetro vuelve a coincider con las flechas al lado de una hacienda. En un tramo de bosque decido descansar pero hay multitud de mosquitas que no me lo permiten. Les atrae el brillo de mis ojos y al menor descuido caen en picado sobre ellos. Intento sentarme varias veces pero lo mismo. Acabo por hacerme unos 10 kms. del tirón por culpa de las mosquitas. Cruzo una carretera . Estoy a 4 kms. de Campillo y descanso con holgura. Este tramo es en bajada y al final lo hago monte a través. Me dirijo a un bar y me harto de cerveza a la espera del cura. Mientras, llamo al alcalde y me contesta el hijo diciendo que está de viaje y que llegará tarde (no me lo creo). Llamo a la pensión del pueblo y está completa. Hay casas rurales pero sería una locura alquilar yo una para mí solo. Pregunto al camarero dónde mejor puedo dormir a la intemperie: Hay un sitio ideal pero siendo viernes se infectará de chavalería botellónica. Algo trompa voy de nuevo a casa del cura y lo encuentro de milagro ya que justo llegó y justo se iba. Le ruego un techo y me dice que no tiene. Observo que el coche salió de una cochera y le pido dormir allí. Me contesta que es indigno y le espeto que me da igual. Misma contestación, misma respuesta. Al final me cede la cochera que agradezco. El “Pocopán” sigue barnizando y me ofrece otra solución: Él se va a Monteagudo en breve y puede dejarme en un refugio de montaña cercano a la carretera. Regreso al bar e intento reflexionar. El “padrino” me llama y me aconseja la cochera. Decidido. Regreso a darle las gracias a “Pocopán” y ceno un bocadillo en un banco. Unos marroquíes intentan venderme bisutería y les ofrezco parte de mi cena. Les pido disculpas porque no me percaté de que era mortadela. .... A las 22 y poco me meto en la cochera sin cerrarla del todo por el calor. Viene el cura ofreciéndome cama en otro pueblo. Se lo agradezco pero lo rechazo. Me cierra la cochera que, al ratillo, vuelvo a abrir para que entre el aire. Hoy no me he aseado pero he conseguido, al fin, techo, que es lo importante.
9ª Jornada: Campillo de Altobuey – Monteagudo (34 kms.) El artista. Mención y capítulo aparte requerirían solamente las agudezas que tuve que improvisar para ir al aseo en la cochera, que como tal sólo tenía tres paredes y una puerta. Mas no entraré en escatologías y sólo expresaré que no ensucié nada. Me despido del lugar dejándole al párroco una de las medallas que me dio Paco Lara en Elda y una nota que expresaba: “Por favor, que el acto de generosidad que ha tenido para conmigo se haga extensivo a todo aquél que se lo solicite. ¡Muchísimas gracias y muchísima salud! Mi nombre completo (Sevilla), caminante, ateo y ácrata. Un abrazo.” Esta etapa se divide en dos partes bien diferenciadas, una de carretera hasta Paracuellos y otra, más larga, de tierra, hasta Monteagudo. La mañana, como ayer, aparece fresca y camino risueño por una carretera comarcal con poquísimo tráfico. Hago un descanso tras 8 kms. El verde del monte surge poco a poco. Un automovilista se para preguntándome si quiero que me acerque a algún sitio. Le doy las gracias, rechazo y le deseo buen día. Otro descanso en el bosque contiguo y a subir la cuesta que me separa de Paracuellos de la Vega. Con sorpresa alguien que estacionó su coche a la entrada del pueblo me pregunta: .... - ¿Pepe?. Yo al principio creo que es otra persona, ya que el “padrino” me encomendó pasar a saludar a unos parientes suyos en el pueblo. Es el“artista”Luis Cañas, de la Asociación del Camino de Cuenca. Y digo el “artista” porque pinta las señales más bien delineadas que he visto en todos los caminos que he realizado. Rozan la perfección. Pedro Antonio halló al fin a Luis y éste me llamó anticipándome que me haría una visita en Monteagudo. Había cambiado de planes y había venido a verme a Paracuellos. Es curioso que recién llegamos los dos sin habernos citado. Me acompaña a saludar a los parientes del “padrino” y a la tienda, donde tengo una discusión con las mujeres del pueblo que se me están colando descaradamente. Vamos al bar a tomar algo y me lleva, finalmente, a indicarme qué camino debo seguir. Ya el calor aprieta cuando salgo del pueblo en dirección al castillo. Devoro, mientras, cuatro mandarinas. Luis me ha sugerido que tome hacia el río tras bajar del castillo pero las flechas marcan hacia el otro lado (orden y contraorden). Tras reflexionar un ratillo me dirijo al río. Camino paralelo a él a través de un sendero entre bancales. En breve el río hace un meandro a la derecha que me da mala espina y subo monte a través encontrando rápidamente la carretera. A fin de cuentas era lo que me sugirió Luis. Me he ahorrado kilómetro y pico. Tomo la carretera durante ¼ de hora y a la izquierda comienzo a andar por un camino que me llevará directo a Monteagudo. Me empieza a doler bastante el estómago y culpo a las mandarinas. El camino será en su totalidad una delicia entre pinos y girasoles pero no me encuentro bien al principio. Nunca me había parado a observar las cosechadoras modernas: Comen, digieren y defecan unas balas perfectas. Es curioso como defecan acá y acullá. Faltando unos 3 kilómetros hasta Monteagudo hago un descanso y jugueteo con un par de mariposas bien curiosas. A esto y a toda velocidad pasa un imbécil haciendo rally por el camino. Me llena de polvo y dos que venían detrás también. Si me coge andando me atropella seguro. La llegada a Monteagudo es, cómo no, en subida, y llego con la lengua fuera al bar “La Portuguesa”, que está regentado por mujer lusa bigotuda, cejijunta y de carácter recio. Mientras resucito ante la cebada fermentada noto lo bien atada que tiene a la parroquia senecta que juega a las cartas o al dominó. Le doy las gracias en portugués y me responde en su idioma. Ya refrescado me dispongo a buscar la casa del alcalde para preguntar por la acogida. Indago en una casa con jardín concurrido y es, precisamente, ahí, la casa del alcalde. La mujer del alcalde sonríe al escucharme hablar ya que me ha localizado ipso facto. Es paisana mía y natural de una pedanía astigitana: Campillo. Ella tiene el acento ya “castellanizado” pero noto varios detalles cercanos. Me atienden como un rey y charlo un ratillo con los presentes. Al jardín no paran de acudir lugareños para consultar asuntos con el alcalde, que está en El Herrumblar viendo una corrida de toros. Le pregunto a la paisana por el paradero de Emilio el “Pocopán” y antes de responderme aparece, casualmente, el susodicho por la casa acompañado de su hijo pequeño Pedro. Emilio y yo tenemos una cerveza pendiente y nos dirigimos a visitar a la portuguesa. Es agricultor y le hago algunas preguntas sobre temas que me preocupan de su labor. Dialogamos un buen rato. Nos despedimos ya que tiene que bañar al niño y me dirijo de nuevo a la casa del alcalde a preguntar por mi pernocta. No va a poder ser donde habitualmente acogen al peregrino ya que esta noche hay allí reunión de cazadores. La hermana del alcalde me lleva a un edificio con escenario, barra de bar y aseos. .... Practico de nuevo el “baño checo” y seco el suelo con la fregona que previamente pedí. Me tumbo un rato y me voy a cenar al otro bar del pueblo. Me preparan la tortilla más rápida de la historia. La cocinera sale huyendo a visitar a su madre, que la requiere. El camarero es sudamericano y charlo con él pausadamente. Una cuarentona entra a tomar un café y me observa de soslayo mientras me deleito en la tortilla de chorizo y queso que me preparó la fugaz cocinera (casualidad que no me dio tiempo a indicarle de qué la quería y que me pusiese la que más me gusta). A las 22 hs. ya estoy dentro del saco en un rincón de la sala de fiestas.
10ª Jornada: Monteagudo de las Salinas – Fuentes (23 kms.). El pánico. Me levanto a las 7 y desayuno a las 8 acompañado del camarero sudamericano y de dos cazadores que me desean suerte. Pregunto a una abuela por el camino al cementerio y me acompaña hasta él. Más allá la mañana empieza con camino en ascenso en sus dos primeros kilómetros. Gozo del caminar 5 Km. más ya que la sombra de los pinos me ampara. Y llego a la finca Navarramiro de Abajo, en la que un cartel anuncia que está prohibido el paso y que hay ganadería brava. El camino es público y las flechas y el rutómetro me indican que atraviese la finca. Literalmente me cago (no en los pantalones, tengo tiempo de bajármelos). Siempre le tuve un respeto tremendo a los toros. He tenido la fortuna de verlos bien cerca y me imponen sobremanera. No me importa reconocer mi cobardía. Pasan unos ciclistas llamando a los no visibles aún animales y les pido silencio. No sé ni lo que hago y hasta me santiguo (soy ateo recalcitrante). Valor y al toro y ya estoy dentro de la finca mirando a izquierda y derecha como un poseso. Recorridos unos centenares de metros me cruzo con un todoterreno. Saludo a sus ocupantes. Al poco regresan y me preguntan si quiero que me lleven hasta el final de la finca: .... - Reconozco que tengo miedo. ¿Hay peligro? Algo más tranquilo, mas no del todo, sigo por el camino que atraviesa la finca. Llego a la dehesa y mi ritmo cardiaco se acelera. No vislumbro ningún animal. Paso al lado de la hacienda aún más tranquilo. Recibo la visita inesperada de otros animales que no me abandonarán hasta la salida de la finca: tabanillos que me atacan a conciencia. Ya llego al final de la finca y descanso aliviado. No he recibido ninguna cornada pero sí unos cuantos picotazos de los molestos tabanillos. El camino sigue sombreado hasta las obras del maldito AVE. El sol castiga y debo descansar bajo una encina. Me recupero y afronto con paciencia los últimos 7 kilómetros fustigado por el sol. En Fuentes hay acogida tanto municipal como parroquial. Desconozco la clase de acogida municipal pero sí estoy avisado de que el párroco dispone de un albergue de transeúntes. Pregunto por la vivienda del cura y me encuentro con que hoy no está en el pueblo. Un poco apesadumbrado me dirijo a un bar a tomarme dos cervezas. Tras ello me dirijo a la calle para preguntar por la casa del alcalde. Estoy pegado a la iglesia románica y pregunto al efecto a un señor mayor. .... - ¿La casa del alcalde? Acto seguido me abre la cancela de la iglesia y la puerta del albergue, que está anexa a ella. He tenido la gran fortuna de preguntar a la persona que tiene las llaves del albergue. Me comenta que existe una asociación que paga asimismo las comidas a los peregrinos y transeúntes y que vaya a cenar y desayunar al Bar Los Cazadores, que precisamente es el bar donde me tomé las dos birras, a escasos 50 metros del albergue. Me pego la ducha del siglo, la siesta del milenio y lavo casi toda la ropa, que cuelgo a mi manera a las puertas de la iglesia ante la mirada estupefacta del personal. .... A las 20:30 me dirijo al bar a que me dieran, ¡cómo no!, de cenar. La cocinera explica que no puede atenderme hasta las 21:15. Trasiego un par de botellines mientras converso con el camarero, que es el dueño del bar. Le comento el susto pasado en Navarramiro y me suelta que ha sido en vano ya que actualmente no hay ganado bravo en esa finca porque hace poco ha sido adquirida por nuevos dueños que, de momento, no tienen pensado implantarlo allí. Comienzo a masticar alrededor de las 21:30 ya algo desesperado. La espera ha merecido la pena. Saboreo despacio el menú y el tinto con Casera. Hartamente satisfecho regreso al albergue para culminar la jornada con necesaria dormida.
11ª Jornada: Fuentes – Chillarón de Cuenca. (30 Kms.). Pequeños lujos. Amanezco bastante descansado. La jornada de ayer tuvo pocos kilómetros y me encuentro con ganas. Mi intención es pernoctar en Cuenca ya que el rutómetro marca 29 Kms. El transcurrir hasta Mohorte es divertido. Paso ante una laguna, subo hasta una ermita, me encuentro con un tramo de monte bajo, cruzo campo a través una parcelaria. Me encuentro muy a gusto. En Mohorte hago visita a respectivas fuentes y cuando salgo del pueblo me encuentro con Luis Cañas que, de nuevo, recién llegó a visitarme. Me invita a dejar la mochila en su coche mientras me espera en La Melgosa. Al principio rechazo la oferta pero acabo por transigir. No me hallo andando sin la mochila, parece que voy a empezar a volar. Cubro los 3 kilómetros entre Mohorte y La Melgosa en media hora escasa. Luis ya me espera. Nos encontramos con un peregrino del pueblo perteneciente también a la asociación conquense que nos lleva a su casa y que nos regala con unos chorizos exquisitos manufacturados por él. Charlamos un buen rato. He cambiado de planes. Existe una errata en el rutómetro: Indica que desde Mohorte hasta el ayuntamiento de Cuenca hay 19’7 Kms. y sobra el dígito de la decena. En Cuenca tenía planeado dormir en una pensión. El día me sale con 19 Kms. reales y ayer hice sólo 23. En los primeros pueblos pasada Cuenca tampoco hay acogida pero ya puestos a pagar una pensión me da lo mismo pagarla en Cuenca como en cualquier otro sitio. Decido pues llegar hasta Chillarón de Cuenca. Agustín, que así se llama el peregrino que generosamente nos invita en su casa, llama a otro peregrino de Chillarón a ver si me acoge sin decírselo implícitamente. El de Chillarón no dice nada más; se compromete a pasar por la pensión del pueblo a avisar de mi llegada. A instancias de Agustín Luis me acompaña al camino antiguo hasta la capital aunque él acaba de señalizar por otro lado. Con la mochila de nuevo a mi espalda llego en un salto a Cuenca. La recta de entrada a la ciudad es interminable y acabo en un bar tapeando y trasegando de nuevo tintos de verano. Llegado al centro llamo a Luis quien, por casualidad, vive al lado de donde le llamo. Me acompaña a un cajero (estoy casi a cero) y decide subirme en coche hasta lo más alto de Cuenca. Yo tenía pensado visitar la ciudad. Me cuenta que es mejor la visita hacia abajo que hacia arriba. Cedo. Ya en su coche va a ponerme la música de mi paisano Maldonado. Le suplico mejor me ponga AC/DC, por ejemplo. Al menos tiene Dire Straits. Nos dirigimos a la oficina de información para conseguir un mapa y allí me encuentro con tres sevillanos. Acto seguido me lleva hasta lo alto del todo y quedamos para más tarde. Hoy es lunes y hay poco turista. Observo el casco antiguo de Cuenca con parsimonia. Telefoneo a la pensión de Chillarón y me dicen que tengo cama por 25 euros. No es barata pero es lo único que hay. Tras hacer las veces de otro turista más regreso a la casa de Luis para despedirme. Antes de ello le solicito me dé amplia información sobre la posibilidad de acogida hasta Burgos. Muy amablemente me atiende y me acompaña hasta la carretera hacia Nohales, donde debo continuar la marcha. De ahí hasta Chillarón la carretera no es muy transitada y, con tranquilidad, llego a la entrada del pueblo. En mente tengo preguntar por el alcalde e intentar que me dé acogida para ahorrarme los 25 euros pero la pensión está a la entrada del pueblo y el dueño de ésta se percata de mi presencia. Acabo en la pensión. No son aún las 20 horas y me dirijo a la única tienda del pueblo. Está cerrada ya que cierra a las 19 hs. Abre a las 9 de la mañana, así que, como no llevo comida, tendré que esperar a esa hora antes de partir. Ya duchado y habiendo gozado de la amabilidad de la cama durante un rato bajo al bar de la pensión a cenar. Hoy toca día de “lujos”. El menú consta de una docena de platos tanto para el primero como para el segundo como para el postre. La calidad es bastante aceptable. Total: 9 euros. Le pido a la camarera rusa un favor especial: que me haga llegar monda de fruta. Extrañada ve cómo introduzco una tira de piel de melocotón en la bolsa del tabaco de liar. Le explico que lo tengo seco y que esto lo humedece. .... Tras una frugal cena me retiro a mi aposento e inmediatamente degusto las delicias del colchón matrimonial.
12ª Jornada: Chillarón – Villaconejos de Trabaque (43 Kms.). Y llegó el día. Según me explicó Luis acogen tanto en Torralba como en Albalate, así que decido ir tranquilo y verlas venir. Si llego cansado a Torralba pernoctaré ahí, si no lo haré en Albalate. A las 9:05 estoy en el supermercado que ya está abierto y me aprovisiono de desayuno y almuerzo. Me paro en una fuente y engullo tranquilamente la primera comida del día. Los primeros 7 kilómetros discurren por una carretera comarcal poco concurrida. Camino despacio y me doy cuenta de que ése ha sido casi siempre mi ritmo, quizá infectado por andar en grupo por la montaña durante el invierno. Y digo infectado sin ningún ánimo de crítica peyorativa. Caigo en la cuenta que desde que salí de Alicante he caminado algo más rápido de lo acostumbrado. Quizá por eso aún mis pies protestan más de lo habitual. Antes de llegar a Tondos tengo dos encuentros especiales: En la otra dirección viene andando una mujer con pinta de pastora que al cruzarme con ella, y tras darle los buenos días, me regala con una sonrisa tan luminosa que reconfortará mi espíritu durante todo el día. Al poco viene un coche que toca el claxon para saludarme (el primero que lo hace desde que salí desde Alicante). De repente algo viene volando hacia mí y cae a mis pies. Es un pajarillo que acaba de atropellar el coche. Esto último me conmociona. Mana de la fuente de Tondos un agua fresquísima que deleita mi alma. Abandono rápido el pueblo y la carretera y paseo hasta Bascuñana sosegado por caminos de tierra menos en un pequeño tramo. Ya en Bascuñana ocupo un banco de la plaza y almuerzo. Las dos fuentes están minadas de avispas y tomo agua de ellas con sigilo. Tras haber reposado un rato continúo y me encuentro con una subida algo dura de más de 2 Kms. En lo alto hay buenas vistas. Me siento y vuelvo a manchar mi trasero de resina. El camino es divertido y de monte. A unos 5 Kms. de Bascuñana me encuentro con la Fuente del Gallo, en donde me refresco. Ya abandonado el monte me adentro en zona de cultivo hasta Torralba, donde hago un alto para tomarme otro tinto de verano. Telefoneo a Pepe de Villaconejos para avisarle de que sigo hasta Albalate. Pepe es un peregrino muy concienciado con este camino y quiero conocerlo mañana al pasar por su pueblo. Dice que irá a mi encuentro en Albalate. Se ofrece a llevarme en coche hasta Villaconejos y devolverme mañana temprano a Albalate. Y sigo hasta Albalate caminando tranquilo y entre cultivos. Cuando llegue habré andado 36 Kms. durante la jornada. Justo antes de llegar al pueblo charlo un poco con el dueño de una yeguada. Me comenta que está deseando hacer el camino y que tiene planeado hacerlo a caballo junto a unos amigos. Le sugiero para ello la Vía de la Plata. En la entrada del pueblo Pepe recién llegó. Villaconejos dista sólo 7 Kms. de Albalate. Me encuentro mejor que nunca en cuerpo y alma y decido continuar. Eso sí, aprovecho y dejo la mochila en su coche. Acelero un poco el ritmo cometiendo un error ya que el cansancio se apodera rápidamente de mí. Recupero mi ritmo aunque el cansancio no me abandonará hasta Villaconejos. Mas la entrada en el pueblo no puede ser más mágica ya que presencio uno de los atardeceres más bellos que nunca presencié y el cansancio desaparece. Llego a pensar, egoístamente, que el cielo me recompensa en la jornada más larga de mi camino. Justo se agota la batería del móvil y no puedo sacar fotos. Una lástima. Pepe me espera en el bar de la piscina. He estado 12 horas en el camino y el bar es para mí el cielo. Me pido un tinto de verano. Pepe tiene algo de prisa y quedamos dentro de media hora en su cueva, donde me va a invitar a cenar. Despacho rápido el tinto, me ducho en los vestuarios de la piscina y subo hasta la cueva. Su mujer es carnicera y también peregrina. Ceno con ellos, con su cuñado, con sus padres y con sus dos hijas. Me explica que él es el encargado de señalizar el camino en adelante y que le acompaña su hija pequeña Virginia, que también pinta algunas señales. Tras cenar como un marajá me lleva al albergue que voy a estrenar yo. Me trae un colchón hinchable y nos despedimos pasada la medianoche.
13ª Jornada: Villaconejos de Trabaque – Salmerón (29 Kms.). Cuando la hermosura sirve la cena. Tras los 43 Kms. de ayer decido hacer menos de 30 Kms. y llegar hasta Salmerón, donde el ayuntamiento ofrece acogida. Estoy bastante cansado y la primera parada la hago a los 3 Kms. de empezar. Hay casi 18 Kms. hasta Albendea y voy a tomármelo de nuevo sin prisas, hoy con más razón. Ya aliviado me cruzo con un rebaño de ovejas y me dispongo a dialogar con el pastor. Me gusta hablar con los pastores pues sus parcas palabras casi siempre conllevan mucha sabiduría. Pues este pastor es eslavo y habla poco español. Le explico que vengo de Alicante y voy hasta Burgos (no sé en qué momento lo decidí pero ya cambié de planes ya que quería seguir hasta Irún). No me entiende y le dibujo la península ibérica en la tierra y, aproximadamente, mi periplo. Me dice que ya entiende pero creo que no vio nunca un mapa de la península. Ya que la comunicación está resultando pobre marcho pronto y me despide con una sonrisa también muy luminosa que me reconforta sobremanera. Tras 13 Kms. y pico desde Villaconejos me sale al paso el río Guadiela. Voy a hacer un alto para almorzar. Hay un pescador que se va justo cuando llego así que estoy solo. Hay zona de hierba en la ribera y me dispongo a realizar la gran tumbada. Pero la hierba está inundada de cagarrutas de cabra. Busco un hueco donde no haya y no lo encuentro, así que decido tumbarme igualmente. Están algo secas. Almuerzo y me dispongo a darme desnudo el gran baño en el río. Me meto en el agua poco a poco y al ver una zona donde parece que hay más de metro y medio de nivel del agua me lanzo y me zambullo. Horrorizado veo cómo la corriente se me lleva y que en menos de un segundo ya estoy cinco metros más allá. Nado desesperadamente y me agarro a una roca salvadora. Allí logro estar un rato en el agua apoyada la espalda en una roca y los pies en otra. El susto ha sido de órdago. Salgo del agua y me seco con el viento. Me visto y a seguir caminando. Los últimos 3 Kms. hasta Albendea son por carretera y ya el calor impera a sus anchas. No hay sombra. Justo a la entrada del pueblo hay una fuente y un banco custodiado por un árbol y consiguiente agradable sombra. Allí descanso un ratillo. Tres chavalas muy bien proporcionadas me saludan dirigiéndose a la piscina, que está al otro lado de la carretera. Pienso en que no sería mala decisión ir a la piscina un rato pero acabo marchando. Hay que seguir otros 4 Kms. por carretera hasta Valdeolivas y el calor sigue agobiando. Ya pasado el pueblo la tierra vuelve a ser pisada por mis pies, el paisaje se hace agradable y noto menos el cansancio. El camino hacia Salmerón acaba en descenso. Ya en el pueblo pregunto a un anciano por la casa del alcalde que resultará alcaldesa. Me indica que vaya al Mesón Los Cazadores, ya que su familia lo regenta. Allí está una camarera bellísima que me señala que la alcaldesa está en el ayuntamiento. Efectivamente allí está y me cede el zaguán del ayuntamiento, donde hay cuatro silloncitos contiguos que hacen de cama. Me encuentro feliz en Salmerón. La persona que más quería de pequeño, mi abuelo materno Antonio, se apellidaba de segundo Salmerón. Lo evoco. Me dirijo al supermercado del pueblo y allí me encuentro de nuevo con la alcaldesa. Entablo una conversación con ella y con una amiga de ésta. Vuelvo al ayuntamiento a practicar otro “baño checo”. Decido cenar bien y voy al mesón. El padre de la alcaldesa está de camarero y le explico que vengo a cenar y que comeré lo que haya. Llama a la bellísima camarera, que resulta ser también su hija. Vuelvo a explicar que me conformo con lo que haya ya que parece no suelen dar comidas. Me conduce fuera del bar y me hace dar la vuelta a la manzana. Entramos por su casa y me lleva a una sala de estar donde hay tres mesas dispuestas para comensales. Me trae un vino clarete, aunque le pedí tinto, explicándome que es de lo que tiene su padre. Me da igual. Me pone una sopa con sabor a cordero (no me gusta el cordero) pero da igual. Me sirve finalmente dos chuletas de cerdo que devoro. Es un encanto y tiene una sonrisa embelesadora. En el cuarto hay un ordenador y le pido utilizarlo para buscar la ubicación de Ágreda, ya que es posible que en unos días vaya allí. Al salir a pagar (me cobra sólo 7 euros) me encuentro de nuevo con la alcaldesa, de la cual me despido definitivamente. Bien cenado, a gusto en el pueblo, que tiene una plaza con un embriagador sabor añejo, y pensando en la belleza sin par que me acaba de servir la cena me acuesto feliz.
14ª Jornada: Salmerón – Trillo (28 Kms.). El terrateniente usurpador. El cielo está bastante cubierto y la mañana se presenta perfecta para pasear. Al poquísimo de abandonar el pueblo empieza el camino a ser pino. 50 minutos tardo en subir hasta la última loma, ya que como pasa muchas veces la primera loma que uno vislumbra no es la más alta, ni la segunda tampoco, es la tercera. Ya arriba, y en llano, el paseo es muy, muy agradable. Vuelvo a estar en zona de monte. Y ya me acerco a la famosa finca usurpadora del camino hacia Villaescusa de Palositos. Para quien no conoce el asunto informarle que un terrateniente ha vallado y cerrado a cal y canto el camino público que va hacia ese pueblo, abandonado hace unas décadas. Hay, además, un cementerio al que no deja acceder. Ya han habido manifestaciones en la finca e incluso creo que se desalambró. Desde Alicante todos los que conocen el asunto me han dicho que salte la valla porque estoy en mi derecho de ir por ese camino público. El terrateniente ha hecho un camino que circunda la finca pero es más largo. Un poco antes de llegar a la finca un agricultor me avisa de que el paso está cerrado más adelante. Le contesto que lo sé y que saltaré la alambrada. Pero un sexto sentido me hace que me separe del camino a echar un cigarro. Efectivamente, un 4 x 4 sale de la finca en mi dirección. No me ven y siguen adelante. Van tres personas en su interior. Esto me huele a chamusquina y cometo un acto absurdo aunque reflexionado: Sacar de la mochila la navaja que me regaló el “Rosendo” y tenerla a mano. Nunca es sabia elección tener a mano un navaja, mas la vigilo por si la moscas. Retomada mi andadura y a unos cien metros de la finca vuelve a pasar el 4 x 4 pero esta vez hacia la finca. Nos devolvemos los buenos días. Uno de ellos cierra el candado de la puerta y se quedan los tres esperando mi llegada. Allá voy. Con cara de pocos amigos habla el terrateniente, que va acompañado de un viejo bizco y de un jornalero enjuto. Me cuenta que el agricultor le comentó que voy a saltar la valla. Asiento. Me da dos opciones: Saltar la valla y denunciarme o saltar la valla, él devolverme a la entrada por la fuerza, y yo denunciarle. Estoy tranquilo y me olvido de la navaja. Le digo que no tiene derecho a no permitirme el paso ya que el camino es público. Sigue en sus trece. Le digo que no es mi intención pelearme con nadie y que por favor deje que pase. Sigue en sus trece. Me dice que si me gustaría que él pasase por mi casa como yo quiero intentar por la suya. Le contesto que cuando quiera, que mi casa es la suya. Le desconcierto. Me dice que abogados y procuradores no trabajan gratis. Le digo que a mí me salen gratis ya que trabajo con ellos. Le digo que tengo que pasar para llenar mis botellas de agua ya que con lo que llevo no me alcanza para llegar a Viana (verdad y estrategia). El viejo bizco dice que no es problema y me hace entrega de una botella llena. Me “invitan” a circundar la finca. Les digo que, en ese caso, tendría que desandar y que el camino es más largo. Me dicen que no es más largo (mentira fácil de observar). Sin ánimo de pelearme les pregunto si el monte está desbrozado yendo paralelo a la valla, a lo que el terrateniente, que ha estado arguyendo desde el principio que tiene prisa, dice que me lleva en automóvil hasta el final de la finca. Accedo. Voy a traspasar la valla escoltado pero la voy a traspasar. Es una pírrica victoria pero... Ya en el 4 x 4 me cuentan una sarta de mentiras acerca del camino que no creo. Me dejan al final de la finca, lleno mis botellas y les devuelvo la suya. Ya traspasada la finca, y viendo por primera vez Las Tetas de Viana a lo lejos, descanso para almorzar y reflexionar sobre lo recién acontecido. Lo mejor fue olvidarme de la navaja. Lo demás es discutible. El camino sigue siendo de tierra y agradable. Sólo debo tomar un par de Kms. por carretera hasta Viana de Mondéjar. El pueblo parece fantasma. Sólo provienen voces de una casa. El bar está cerrado y me siento a descansar a su puerta. De repente una anciana aparece corriendo preguntándome si vi al pescatero. No lo vi ni oí. Resulta que reconoce que se quedó dormida viendo la tele y que confundiría un sonido estridente en ella con la bocina del pescatero ambulante. Nos reímos. Se queda a charlar conmigo y me explica a la perfección cómo salir del pueblo por el sendero dirección Trillo (tengo mis dudas sobre sus explicaciones pero luego comprobaré su exactitud). El sendero discurre por las faldas de Las Tetas y a veces se estrecha. Es divertido pero tanto al comienzo como al final una serie de mosquitas buscan mis ojos sin descanso y una mosca (no sé si la misma) vuela con su sonido bien estridente cerquísima de mi oído derecho. Diviso por primera vez la asaz desagradable central nuclear y en breve ya ando por las primeras casas de Trillo. Ya está aquí El Tajo. La acogida en Trillo es municipal y Pepe, mi bienhechor en Villaconejos, me recomendó preguntar por la bibliotecaria del pueblo. .... Ya solo y dentro del “albergue” decido tomar prestada para la noche la colchoneta de la camilla, que es más gruesa que la que yo llevo. Me voy a un bar a cenar y me pongo morado de chorizo a la sidra. Dialogo con los camareros sudamericanos. 4 ó 5 cervezas y a la cama (colchoneta, propiamente).
15ª Jornada: Trillo – Mandayona (39 kms.). Tierra de toros. Ayer vi que hoy soltarán reses por el pueblo y por el campo en Gárgoles de Abajo, primer destino de esta jornada, pero es por la tarde y yo pasaré por la mañana. No me imagino corriendo mochila incluida delante de una cornamenta. El rutómetro indica que hay que andar por la carretera pero las señales me llevan durante los primeros pasos por un camino paralelo a ella, camino sombreado que transcurre anexo a una vega. Cuando diviso un puente hay que retornar a la carretera porque si no acabaré en la maldita central nuclear. Converso con un abuelo que me cuenta anécdotas graciosas de los encierros de Gárgoles. La carretera la están ampliando y muy poco piso asfalto porque aprovecho que la ampliación tiene aún firme de tierra. Ya en Gárgoles de Abajo me topo con uno de los rincones más hermosos vistos hasta ahora: El río lo atraviesa un puente medieval y existe una fuente con un agua fresquísima y con unos caños poderosos. Allí hago parada obligatoria. Gárgoles de Arriba está a escasos 2 Kms. y decido pasar de largo. Ya salgo del pueblo donde me da por preguntar y voy en mala dirección. De vuelta a la iglesia y camino de la ermita que se otea en lo alto. Otro descansito, esta vez para refugiarme del azote del intenso viento y camino de Cifuentes, que no está lejos. A la entrada de Cifuentes hay una finquita con ganado bravo. Contemplo ensimismado a estos bellos animales. Hay una persona dándoles de comer y pienso pedirle que me deje acercarme pero no quiero molestar y continúo. Ya he podido percibir de lejos que Cifuentes no es un pueblo pequeño y no se me apetece caminar por sus calles. Esto me suele pasar en todos los caminos: Voy tan ensimismado por el campo que cuando llego a una población más o menos extensa lo único que deseo es abandonarla cuanto antes. El camino hacia Moranchel se inicia a partir del cementerio de Cifuentes y pregunto por él rápidamente. Me indican una opción para no tener que pasar por el centro del pueblo y me encuentro con un supermercado. No he caído pero no voy sobrado de alimento, así que paro para comprar dulces. Entro con la espiga en la boca (casi siempre voy ornado con una) y acabo por flirtear un poco con la bella cajera. El calor aparece y los terrenos por los que paso apenas están sombreados. Luis me comentó que será muy posible que me acojan en Las Inviernas (me encanta el nombre) pero decido seguir hasta Mandayona ya que me encuentro con fuerzas. La gente de Moranchel sale de misa elegantemente vestida cuando aparezco y doy el toque de color. Luis asimismo me recomendó parar en el río Tajuña y darme un baño. Hay gente y ruido allí y decido continuar. En Las Inviernas pregunto por una fuente y una generosa mujer me da agua diciendo que acaba de venir de ella. A Las Inviernas se accede en cuesta y la abandonamos también hacia arriba por dos veces, así que he hecho bien en llenar depósitos. Sigo bajo el sol y entre cultivos de cereales hasta la línea del dichoso AVE, que sorteo por un puente. Me encuentro con cultivos de plantas aromáticas y al rato con una gasolinera tras extinguirse el camino de tierra. Allí reposto cerveza bien fría. Hay un par de Kms. hasta Mirabueno por carretera tranquila. Me cruzo con gente que pasea. Me invaden, inexplicablemente, pensamientos agresivos, que se difuminan en breve. Cruzo con celeridad Mirabueno y me encuentro que un sendero me conduce hasta Mandayona y en bajada, sendero que agradezco porque la jornada está siendo larga. Último pequeño tramo de carretera y desemboco al fin en Mandayona. Por Luis sé que acoge el ayuntamiento y lo primero que hago es preguntar por el alcalde, que resultará otra vez alcaldesa. Lo hago a una cuadrilla de gente de mi edad que trasiega, creo que calimocho, en un banco. Me indican más o menos dónde vive la alcaldesa y aparecen dos chavalas: - Ésa, la rubia, es hija de la alcaldesa. Síguela. La hija de la alcaldesa tiene un trasero imponente y voy hipnotizado tras él. Acelero el paso para preguntarle por el paradero de su madre pero ella y su amiga también lo aceleran quizá intuyendo mis pensamientos lúbricos mas no malintencionados. Estoy bastante cansado y con la boca pastosa (me ocurrió y me ocurrirá muchas veces que casi no logro articular palabra por este último motivo) y logro llamarlas y pararlas. Me cuenta que va hacia su casa y que avisará a su madre (que cree está allí) de mi presencia. La alcaldesa sale al balcón y me cita en un bar. “Corro” hacia el bar para refrescar el gañote y entablo agradable conversación con el camarero. Al poco una mujer se añade a la conversación y no me percato de que es la alcaldesa hasta pasados 2 ó 3 minutos. Ya percatado apuro de un trago lo que me queda de birra para no hacerla esperar y me conduce hasta el centro social, que es donde acoge el pueblo. Puedo dormir en el salón de actos pero previendo quizá algo de frío acabo dirigiéndome a un cuartillo trasero que está al lado de los servicios. Me conduce, acto seguido, al ayuntamiento para enseñarme el buzón donde debo depositar la llave a mi salida al día siguiente. Le agradezco su hospitalidad. .... Regreso al bar para cenar pantagruélicamente y bien regado de rubio elemento mientras una chica (y su novio también) me mira de soslayo repetidamente. Ya es hora de descansar y de vuelta al centro social. Otro “baño checo” y a la colchoneta.
16ª Jornada: Mandayona – Atienza (36 kms.). De nubes. La mañana despierta fresca de nuevo y me lanzo a caminar con alegría. No recuerdo si es en este momento donde veo las primeras señales referentes al Camino del Cid, que coincidirá en muchos tramos con este camino a Santiago hasta Burgos. El cielo se muestra tormentoso y caen las primeras gotas en forma de llovizna tenue. Continúo andando sin cubrirme con el impermeable. En verano el impermeable da mucho calor, ya que está confeccionado de plástico, y nunca me lo pongo hasta que me mojo algo. En cinco minutos la llovizna cesa. Las empalizadas que marca el rutómetro están abiertas y parece que desde hace tiempo, así que las dejo tal como las encuentro. Cometo un error al interpretar el rutómetro y cojo un camino equivocado. Al llegar a las Casas del Carrilar tomo a la izquierda en vez de a la derecha. Antes de El Carrilar hay dos establos que hay que dejar a la izquierda y fueron los que provocaron mi confusión. He de decir que una vez tomado un camino que me llevaba a un pueblo cercano a Mandayona durante 1 km. aproximadamente, al releer a conciencia el rutómetro, me doy cuenta que no da lugar a confusiones. El libro confirma mi error. Ya de vuelta al camino correcto y de nuevo bajo el amparo de las señales desciendo por un camino que me conduce a una carretera comarcal rumbo a Baides y a Huérmeces del Cerro. En Baides un lugareño me invita a café. Rechazo a gradecido, charlo un poco con él y le pregunto por una fuente. En la plaza de la fuente descanso, almuerzo y saludo a gente muy amable. No recuerdo en qué momento no percibo señales y decido seguir por carretera. El ir por carretera, esta vez, no comarcal, agota los pies y el alma. Los coches ahora no van despacio y no voy cómodo. Reencuentro las señales desviándome por un camino que está impracticable por no estar desbrozado y debo cruzar un cultivo a través para retomar la carretera que sé va dirección a Atienza, mi destino. Según el rutómetro debo abandonar la carretera que llevo y desviarme a la que conduce a La Bodera pueblo. No percibo señal ninguna y llamo a Pepe para consultarle. Él no aprehende exactamente el punto donde me encuentro y me recomienda el libro. Echo mano del libro que me manda seguir por la carretera que lleva hasta Riofrío del Llano y Atienza y opto por seguirla. Sigo yendo incómodo pero el camino es así, no siempre va todo de color de rosa. Para relajar mi espíritu llamo a mi hermano Aitor, de Hondarribia, pues aún no he decidido qué hacer cuando llegue a Burgos. Una opción es ir allí a descansar en la playa. A Aitor lo conocí en la Vía de la Plata, exactamente en la bella ciudad emeritense. Desde entonces nos hemos seguido viendo. Me dice que él no estará pero que vaya a su casa si quiero. Es una de las mejores personas que he conocido jamás. Tiene un perro gaditano que recogió en la calle y vive en aquél bello paraje guipuzkoano. Ya más tranquilo me abandono a mi cruel destino de la jornada, que es caminar y caminar por carretera, e intento dejar la mente en blanco, que es lo que pretendo siempre y en los momentos difíciles con más ahínco. Traspaso Riofrío del Llano y el cielo se vuelve cada vez más plomizo. Me caen unas gotas de nuevo en forma de llovizna tenue y se repite la misma actitud de la mañana con el mismo resultado ya que no me mojo y deja de lloviznar a los 10 minutos. La gama de grises en el cielo es amplísima e increíblemente hermosa y no paro de echar el cuello hacia atrás (atendiendo también el paso por la carretera) para abarcar el máximo ángulo posible de visión. Acaba de desaparecer todo cansancio e incomodidad. Estoy en una nube o, mejor dicho, en las nubes. Atienza parece desde lejos un pueblo bien bonito y lo corroboro en sus calles. Extrañado veo señales de la Ruta del Quijote. No me cuadra tan al norte pero así es. En este pueblo también coincide la Ruta del Cid. Luis me habló de posible doble acogida en el pueblo, municipal y parroquial, y la parroquial con cama, así que pregunto por la casa del cura. Encontrada la casa y el párroco, éste me cuenta que la acogida se extinguió hace cinco años junto a la casa al efecto. Están preparando las fiestas y le pregunta a una funcionaria municipal sobre la acogida de la institución para la que trabaja. Ésta desconoce la cuestión. Decide sugerirme el pórtico de la iglesia de San Bartolomé y hasta allí me conduce. El cielo sigue amenazando tormenta (aunque el sitio está techado) e intuyo frío por la noche, así que me dirijo de nuevo a hablar con la funcionaria. Le pido el favor de que si viese a un concejal le comunique mi estancia en el pueblo mientras yo me voy a cenar. Como siempre, ante la incertidumbre, tomo la opción de tomarme unas birras para relajarme. Voy de oca en oca por los bares. Relajado regreso a comprobar las pesquisas de la funcionaria y me encuentro que ésta me presenta al mismo alcalde, a quien ruego acogida y me la concede en el zaguán del ayuntamiento. Charlamos un buen rato sobre los tres caminos que discurren por el pueblo y acomodo mis bártulos en el ayuntamiento. Aún no he cenado y tengo hambruna. Ceno tapeando y birreando y flirteo algo con la bella camarera mientras cae un chaparrón impresionante. Mañana juega la Real por la tarde un partido amistoso contra el Numancia en Ágreda, Soria, y mañana estaré en la provincia de Soria. Llamo a un realista de Ágreda para ver las posibilidades de mi asistencia. Estaré en la otra punta de Soria y es complicado. Él está en Cáceres, de todos modos. Me toca pues seguir caminando exclusivamente, que es para lo que realmente vine. El ayuntamiento está contiguo al bar y es imposible que me pierda aunque vaya un poco trompa, así que ya dentro desplazo mis cosas arriba, cerca de los servicios. Practico de nuevo el “baño checo” y a la colchoneta nuevamente.
17ª Jornada: Atienza – Tarancueña (30 Kms) Un paraíso. A las 8 me dijo la camarera que iba abrir el bar y a esa hora estoy allí. A las 8:15 aún no ha aparecido nadie y decido desayunar en el bar que hay abajo en la carretera aunque desconozco si está abierto. De paso voy a la casa del alcalde a devolverle la llave y a agradecerle la acogida. El bar no está abierto y subo al pueblo a ver si por fin han abierto. Pues sí. Dos guardias civiles contemplan absortos el copioso engullir de magdalenas por mi parte. A ellos les invita la dueña, a mí no. Otra vez abajo dudo acerca de la carretera que he de tomar y he de ir a una granja/establo a preguntar. De nuevo por carretera. Las primeras imágenes de las nubes absorben mi atención. Ayer la carretera disgustó a mis pies y a mi alma e intento relajarme porque hoy me toca otra considerable dosis. Resignado avanzo tranquilo y pendiente de las nubes. A poco de Miedes de Atienza encuentro un pradito exquisito para una tumbada de órdago que no desaprovecho. Desde la carretera un abuelo que pasea me pregunta qué hago andando por allí y entablo con él una amena conversación. Ya en Miedes busco la tienda porque no llevo nada de comida. No hay pan aunque ya es mediodía y compro peras y una bolsa de pasteles del lugar. En la plaza devoro tres peras mientras unas adolescentes no me quitan ojo. Estoy en lo mío pues tengo hambre y acaban por marcharse. Repongo agua en una fuente con un mecanismo que no vi nunca antes: Hay que levantar un madero que canaliza el agua. Para acceder a la provincia de Soria hay que subir una cuesta de unos 2 Kms. Me reencuentro con las adolescentes y se despiden algo avergonzadas. El rutómetro guía por la carretera pero ya en ella observo un sendero bien visible a la derecha de ésta que me habría ahorrado bastantes metros. Observo que el sendero desemboca en una curva y ya en ella veo que hay una flecha para girar a la izquierda por camino. Supongo que habría flechas al comienzo del sendero. Giro a la izquierda y subiendo en eses voy a parar al final de la subida de la carretera. Algo me he ahorrado. El encuentro con Soria me deja boquiabierto: Amplia llanura yerta que ellos llaman lastra. Empieza a hacer calor y me hundo un poco. La carretera está en obras y aprovecho todo milímetro de arcén no asfaltado. Acabo por tumbarme a una docena de metros de la carretera sin percibir una sombra en todo mi campo de visión. Tenía ya casi decidido acabar en Burgos (donde termina la Ruta de la Lana, que sigue hasta Santiago por el Camino Francés) y no seguir hasta Irún y la incomodidad última de la carretera resuelve mi decisión. Acabaré en Burgos. ¿Tres semanas completamente solo y 700 Kms andados? Me doy por satisfecho. Sí, en Burgos daré por concluida mi andadura. En Retortillo están de fiestas. Muchos pueblos por los que pasé estaban de fiestas, en preparativos de fiestas o recién terminadas. Es agosto y muchos emigrantes vuelven a visitar sus lugares de origen y la población crece y se recrea. En todos los pueblos que atravesé llamé la atención, ya que han sido pocos aún los peregrinos que pasan, pero aquí como si fuera invisible. Mejor porque estoy algo mareado y no tengo ganas de hablar con nadie. Reposo en un poyo tomándome un tinto de verano mientras algún mareo me viene nublándoseme la vista ocasionalmente. Voy a una fuente y refresco mi nuca a conciencia. Ya estoy algo mejor y una pareja que viene en coche me pregunta por un pueblo que desconozco. Ya aprovecho y les pregunto por el pueblo hacia donde yo me dirijo. Sacan un mapa de carreteras y me informan. Acabo por ser yo el informado. El cruce lo tengo a cien metros y no me había percatado, será que aún no estoy tan recuperado. Gran alegría al ver que la carretera la están reformando y que caminaré estos últimos 8 Kms. sobre una ancha pista de tierra que aún no asfaltaron. A lo lejos vislumbro que la “carretera” está encaminada hacia monte. La lastra me está matando y con esperanza de llegar pronto al monte voy como un zombi. Araño cualquier sombra producida por las obras de la carretera. Me está pasando algo curiosísimo: Cuando ando largas distancias bebo poco racionando el agua, y como además no soy persona que sude mucho orino poquísimo. Pues ahora tengo que parar cada 10 minutos para orinar intensamente. No lo entiendo. Además entro en un estado bestial de ansiedad sexual. Extrañísimo ya que voy bastante tocado por el calor, un poco mareado y con hambre. No pudiendo soportar la ansiedad me veo obligado a convertirme en amante de la lastra, a la que miro intensamente mientras obro como Onán. Acabo de hacer el amor con la tierra, me he unido a ella en un momento extraño y mágico a la vez. En el monte la “carretera” se ve surtida de unos breves instantes sombreados y ya he aterrizado en la realidad. Reposo bajo la sombra de una encina apurando los últimos granos de azúcar de los pasteles y en breve alcanzo por fin Tarancueña. Luis me informó que en Tarancueña acoge, de forma particular, un párroco llamado Inocente. Pero sólo si está en el pueblo, ya que predica en Alcorcón y sólo aparece por el pueblo en verano y durante pocos días. Dentro de una casa con jardín y piscina veo sentado a un señor de unos 55 años que me mira algo sorprendido. Me dispongo a preguntarle por el padre Inocente pero una furgoneta llega haciendo mucho ruido. Sigo un poco y le pregunto a una mujer mayor. Me indica que era el señor que acabo de ver y me conduce hasta él. Inocente está con su sobrina y la hija pequeña de ésta. Me acogen en seguida y se muestran, desde un primer momento, ultragenerosos. Yo sólo quiero, de momento, algo de agua fresca y una silla cómoda. No comí apenas durante la jornada y tengo el cuerpo asustado. Al rato me lleva al sitio donde podré descansar, que es un edificio anexo a la casa principal con un salón preparado para varios comensales, cocina y baños. Hay, asimismo, varios colchones. Un verdadero paraíso. Aseado y habiendo trasegado ingente cantidad de agua fresca me siento afuera con Inocente y charlamos un par de horas. Es un hombre culto y es un placer escucharle. Yo no hablo apenas ya que aún no estoy bien del todo. Desde Alicante he leído muchas veces la palabra “carrasca” en el rutómetro, muchas veces para servir de hito. Yo la interpretaba erróneamente como acumulación de piedras. Tras 18 días de camino Inocente me explica que son encinas. Hay teatro esta noche en la plaza del pueblo. Inocente me invita y me dice que su familia cenará tarde. Si no deseo ir al teatro y cenar antes tengo libertad para ello. Rechazo pues la invitación ya que la premura por comer está siendo ya acuciante. .... Buen queso, buen chorizo y excelentes albóndigas de bacalao regado todo con cervecita fresca... ¡gloria bendita! El cuerpo me pide descanso inmediatamente pero hago un esfuerzo para, al menos, despedirme de Inocente. Cuando llega charlamos brevemente y, muy agradecido y reconfortado, busco la posición horizontal que me conducirá a los brazos de Morfeo.
18ª Jornada: Tarancueña – San Esteban de Gormaz (37 Kms.). Espíritu revolucionario. No me levanto demasiado temprano, como siempre, e Inocente se presenta para prepararme café. Me ofrece galletas y pronto ya estamos a las afueras del pueblo. Me indica cómo acceder al Cañón del Caracena, que es fácil, y nos despedimos. Comenta que me acompañaría pero tiene compromisos. Le dono una de las medallas encomendadas por Paco Lara. Ahora he de seguir las marcas de gran recorrido hasta el pueblo de Caracena. El paisaje es asaz bello y paseo gozoso mas transcurrida la mitad de la estrecha senda me hallo, incomprensiblemente, incómodo y anhelo su pronto final. Bajo el dictado otra vez de Luis me encamino hacia el bar del pueblo, regentado por Santiago, una persona que hay que conocer. Santiago tiene alma revolucionaria y simpatizamos pronto. Hablamos de este camino, sobre todo, y de lo algo descuidado que está en su tramo final. Ya que lo veo bastante interesado le doy los teléfonos de las asociaciones implicadas en la Ruta de la Lana y le solicito ayuda para que se encargue él de señalizar hasta Burgos y aliviar así la tarea a Pepe, de Villaconejos. La televisión avisó con acudir al pueblo para emitir en directo y Santiago organiza la bienvenida y una serie de peticiones a las instituciones, ya que tienen al pueblo desangelado. Al final la televisión no acudirá. Me prepara el bocadillo con más jamón que nunca comí y me da agua fresca. Le dono otra medalla. Me he retrasado bastante y he estado con Santiago casi hora y media. Mi intención es llegar a San Esteban de Gormaz y aún me queda mucho. La mujer de Santiago me avisa de que en Ínes dos hermanas le comentaron que se prestaban a acoger en su casa. Decido entonces acabar en Ínes. El rutómetro marca que hay que tomar carretera hasta Fresno de Caracena pero Santiago me insta a ir por la ribera. Hasta Carrascosa inicio por la ribera hasta no haber paso algo más allá de una atalaya árabe que diviso a la izquierda, junto a la carretera. En Carrascosa pregunto a un anciano que me sugiere seguir por carretera pero yo insisto en ir por la ribera y lo consigo un par de Kms. más. Alguien ha intentado matar a una culebra en el camino y la encuentro moribunda. La remato para que no sufra. Por Fresno sí que pasó la televisión y charlo con un emigrante que me ofrece agua fresca. Tras 1 km. de carretera ya sí que existe camino por tierra hasta Ínes. Me encuentro con señales referentes a que estamos en el Camino de Santiago. Me recreo con unas curiosas formaciones rocosas conocidas por “Las Muelas” y con calma llego a Ínes, fin de la jornada de hoy. Pregunto por la casa de las hermanas y me guían rápidamente. Pues no, según ellas no hay acogida “en el pueblo” y cuentan que debe existir un error. Me explican que las señales referentes al camino las construyeron ellas y me preparan un bocadillo de tortilla dándome, asimismo, algo de fruta, ya que debo continuar a San Esteban. Les agradezco la comida y les doy otra medalla. Al fin y al cabo Olmillos dista 4 Kms. y San Esteban 7 de este último, así que en dos saltos me planto en San Esteban. Además, ¾ partes del camino discurren sobre tierra. Me como el bocadillo nada más abandonar Ínes a la sombra de una ermita y pronto estoy en Olmillos. No me hallo cansado ahora. Antes de San Esteban hago una parada y gracias a mi quietud un zorro busca comida a escasos 10 metros de mi presencia. En San Esteban parece que el párroco acoge y encamino mis pasos hacia su casa, que está nada más entrar en el pueblo. Una señora me avisa que está dando misa y le espero allí. Al salir me presento como peregrino y al no ver mi mochila (que la he dejado a unos 10 metros y está ocultada por los asistentes al oficio) y verme sucio y sin afeitar duda de mi condición. Eché mano de la credencial y se la enseño. Ya me va creyendo y le cuento detalles sobre la jornada de hoy y sobre la acogida de Inocente. Acaba por creerme y me pide disculpas. Me lleva al centro parroquial y me presenta la sala donde dormiré y el aseo donde practicaré de nuevo el “baño checo”. Tendré que hacer uso de la colchoneta de nuevo aunque creía iba a disponer de cama. Tengo mucha hambre y le consulto dónde cenar. Me acompaña un tramo y a una feligresa le indaga si me puede hacer un bocadillo. Hoy prefiero cenar un poco mejor, se lo hago saber y le agradezco el detalle. Acabo cenando más o menos en condiciones saboreando la cerveza merecida tras dura jornada. Muy pronto a contar ovejitas (que para eso estoy en la Ruta de la Lana).
19ª Jornada: San Esteban de Gormaz – Quintanarraya (33 kms.). El de/del Bilbao. Otra jornada, otro despertar con dolores en los sitios más insospechados. Los dolores se suceden: Un día la tripa, otro el cuádriceps derecho, otro el izquierdo, otro el talón, otro el hombro... Pero caminando es muy posible que desaparezcan. La paz y el silencio son las mejores medicinas. Comienzo caminando paralelo a la carretera por una pista de tierra. Me marca el rutómetro que seguiré así durante casi la mitad del tramo hasta Matanza de Soria. Acabo de decidir que por todos los medios posibles hoy intentaré evitarla. Al tener que ir hacia la carretera la evito y tomo un camino opcional pero al poco los pies se me hunden en la tierra labrada y se llenan de pinchos y piedrecitas (eso es por llevar zapatillas y no botas de media caña). Debo retomar la carretera. Desde Matanza hasta Villálvaro hay un trayecto muy corto. Al principio del pueblo veo señales que llevan no sé dónde pero no a la carretera. Más adelante pregunto a un lugareño y me da tres opciones: La carretera, el camino que vi atrás, que rodea algo pero no mucho, o atrochar por un senderillo entre vides que vadea el río en lontananza. Decido ir a la aventura y atrochar. Acabo por perder el senderillo y vadeo el río haciendo malabarismos. Casi llegando a Villálvaro me encuentro a un hombre de unos 50 años con una niña pequeña. Es maño y bastante gangoso. Cuenta que la niña no es suya, sino de unos inquilinos suyos en Zaragoza. Ella tiene 30 años, es rusa, y él 53 y español castizo. A la niña parece que siempre le preguntan por su madre y su “abuelo”. Después me cuenta que qué bien se lo estará pasando el inquilino con la rusa mientras su mujer lleva una semana con la regla. Me divierto mucho con él. Se despide porque la hispanorrusa quiere buscar setas. Busco la tienda y el tendero me agasaja demasiado. Siempre desconfío de la gente que se presenta así. Tiene tienda/bar. Le pido algo de charcutería y algo de pan. No tiene pan pero me saca algo del suyo, o eso dice. Compro algunas más cosas pero me percato de que me cobró a precio de bocadillo ya hecho, que sale más caro que comprar la vianda y el pan por separado. En todos los caminos te encuentras con vendedores así: te la clavan supinamente. Se aprovechan de tu cansancio y de que no volverás a pasar más por allí. Como casi siempre me hago el que no me doy cuenta, le pago y sigo mi camino. Ahora tocan otros tediosos 11’5 de carretera que afronto de nuevo con paciencia. De vez en cuando hago breves incursiones en caminos que aparecen paralelos a la carretera pero que mueren pronto. En Zayas veo una zona de césped que aprovecho para tumbarme y holgazanear un buen rato. Parece ser que desde Alcubilla hasta Hinojar se ha perdido más de un peregrino. He de decir que el tramo está bien señalizado por las flechas. Coincide con el Camino del Cid (GR) que no está tan bien señalizado. Y hay que subir porque la montaña hace de linde entre las provincias de Soria y Burgos, como lo hizo entre Guadalajara y Soria y como lo hace otras tantas veces. Pero no me importa subir porque al menos camino por tierra por el monte y esto me reconforta. Me enervo cuando percibo tramos de calzada romana. Cruzo Hinojar rápidamente y descanso un poco al final del pueblo. Quintanarraya está cerquísima y quiero degustar con parsimonia este último tramo de camino por tierra. Entrando en Quintanarraya me paro a hablar con un tipo de aproximadamente mi edad. Tras charlar sobre varios temas le pregunto si sabe quién tiene las llaves del albergue ( ¡sí, hoy hay albergue!). Me cuenta que para cenar lo voy a tener difícil en el pueblo pero que él me llevará comida al albergue. Le digo que no, que ya me prepararán lo que sea en el bar. Albergue, sí señor. No funciona el termo y me ducho con agua fría. Las camas son amplísimas. Acabo por darme cuenta que no hay luz en toda la casa. Los interruptores generales están desconectados. Me podría haber duchado con agua caliente pero me fue agradable la fría. Me doy la gran tumbada y aparece el hermano que conocí a la entrada del pueblo con pan, chorizo, chope, fruta, galletas y vino. Él tiene que marcharse con su mujer e hijos pero lo secuestro llevándomelo al bar para tomar una birra, que acaban siendo dos. Es de Bilbao y del Bilbao pero no es el prototipo chulesco. Casi siempre me encuentro con uno así (de y del Bilbao) en los caminos y siempre me presento como sevillano pero forofísimo de la Real. Casi siempre me saltan con bravatas. A éstos, que son la mayoría, les sonrío y abandono pronto. Pero hay unos cuantos que no son así y éste es uno de ellos. Un tipo bien, bien majo que se marcha sin ni siquiera conocer yo su nombre, un tipo anónimo que me ha ayudado sin conocerme y al que agradezco horrores su comportamiento. Ya en el albergue doy buena cuenta de las viandas que me trajo el hermano. Hasta las galletas caen acompañadas del vino. Sólo reservo una pieza de fruta para la mañana siguiente. Me entra un sueño espantoso aunque sólo son las 20:45. Si duermo ahora me despertaré demasiado temprano así que decido afeitarme (que ya tocaba y mucho) y quedarme en Babia otro rato. Cuando no aguanto más... a descansar.
20ª etapa: Quintanarraya – Ermita de Sta. Cecilia (32 Kms.) Al amparo del siglo XI. Después de dos etapas de treinta y tantos kilómetros he decidido tomármelo con tranquilidad hoy. Mañana y pasado volveré a hacer treinta y tantos para acabar mi camino. Ya descansaré en Sevilla. 24’5 kilómetros marca el rutómetro. Pues eso, tranquilidad. El camino hasta Huerta del Rey es plácido, llano y por tierra. 6’5 kms. Sólo me ha hecho falta comer aquella pieza de fruta que dejé a propósito en la cena. Entrando en Hinojar charlo con un lugareño que me comenta que también hizo el camino, mas él en bici. Le conmino a observar la flecha que tenemos delante y se queda perplejo. Desconocía que un camino pasa por su pueblo. Compro el desayuno, el almuerzo y algo más y reposo un ratito en una plaza. Me llaman desde Guipuzkoa para darme una grata noticia. Sólo falta el agua y me aconsejan tomarla en una fuente que encontraré a 1 km. en la dirección que tomaré. Es un hermoso aljibe. La carretera hacia Mamolar está flanqueada de espesos bosques de pinos. Intento de vez en cuando caminar entre ellos y obviar la carretera. En uno de los tramos entre el bosque veo que una chica con mochila grande anda por la carretera en dirección contraria a la mía. Supongo que estará haciendo el Camino del Cid. Lástima que esté lejos y que no pueda charlar un rato con ella. Al poco dialogo con una pareja de senderistas (que también vienen por la carretera) sobre los especímenes de vegetación del lugar. Yo desconocía los pinos albares y los ejemplares de allí son hermosos. Otros senderistas vienen en dirección contraria a la mía. Son un grupo de bellas damiselas comandadas por abuelete con bastón y perro. Absorbo todas las sonrisas devueltas. Ya me aventuro menos por el bosque porque la vegetación se muestra mucho más espesa. De vez en cuando a izquierda y derecha principian caminos que deshecho por estar en ángulos de 90 grados o inferiores respecto a la carretera. Una fuente con agua fresquísima alivia todo mal ya que hace bastante calor. Restándome aproximadamente 4 Kms. aparecen en mi dirección un par de ciclistas. Se paran a preguntarme qué hago exactamente, si es la Ruta de la Lana. Uno de ellos hizo también el Camino de Madrid el año pasado y empatizamos rápidamente. Sacan un mapa 1/50.000 y me cuentan que el camino que sale a nuestra izquierda da un leve rodeo para volver a salir a la carretera ya casi llegando a Mamolar. En el mapa queda clarísima la trayectoria. Ni lo pienso y voy un ratito con ellos ya que se empieza subiendo. Son los dos muy majos, sí. Ya en bajada se despiden. Primera bifurcación que no aparece en el mapa. Al tomar la iniciativa me los encuentro viniendo de vuelta. Por ahí no es. Segunda bifurcación. Opto por tomar el camino que va en el ángulo más pequeño hacia la carretera. Estoy sobre un cortafuegos. Sé sobradamente que los ciclistas me aconsejaron de buena fe pero ir en bici nunca será lo mismo que hacerlo a pie. Las desorientaciones son mucho menos agotadoras en bici que andando. Calculo que habré andado 2 kilómetros más extras. De nuevo en la carretera el sol abrasa y mis pies gritan. Deseo llegar cuanto antes a Mamolar. Llego al fin y busco desesperadamente el bar, que encuentro fácil. Me vuelvo a la plaza a beberme la birra bien fría que acompaño con el almuerzo. En el bar hay jaleo y gente y más gente entra en él. Anuncian desde dentro el X Concurso Internacional de Tortillas. Escucho las presentaciones de los concursantes (9 exactamente), la composición del jurado y, poco a poco, las votaciones. Mientras, estoy despachando el bocadillo y la cerveza. Si alguien se decide a invitarme me uniré a la fiesta, si no, no. Me saludan algunos pero no obtengo la invitación. Gana la tortilla nº 1 y se procede a la degustación. Lleno las botellas de agua fresca y me marcho sin probar bocado tortillero. Quedan sólo 6’5 Kms. hasta Silos. Al principio retomo la carretera sin sombra alguna y observo mosqueado cómo a mí izquierda discurre un senderín sombreado en el interior de una finca. Pienso saltar la valla pero declino. En una hora abandono por fin la carretera y el monte me invita de nuevo a pasear bajo su amparo. Un mastín me sale casi al paso pero al agarrar una piedra sale huyendo. Una rampa dura inicia el camino hasta Silos. Ya arriba me recreo observando de cerca un buen rebaño de ovejas y cabras dentro de una empalizada provisional. Pero la empalizada está justo encima de donde discurre el camino y opto por seguir a la derecha. Encuentro camino y senda después pero poco a poco se difumina desapareciendo finalmente. Estoy casi en lo alto de un risco. Mi experiencia me conduce a subir el corto tramo que me resta y barajar las posibilidades de bajada, ya que ya diviso Silos en lontananza y bajo la montaña. Si adelanto me encuentro con un corte en la montaña. A mi izquierda otra montaña con corte y enmedio un desfiladero del que sale un senderín hacia Silos. Retrocedo unos cien metros y encuentro un barranquillo que con sumo cuidado me conduce hacia el desfiladero. Por fin abajo vadeo un riachuelo a duras penas y consigo alcanzar el senderín. Entre los cortes las vistas son espectaculares. Primeras edificaciones de Silos. Encuentro a una monja y le pregunto dónde exactamente hospedan en el monasterio. Me responde concisa y algo agriamente que cree no me van a hospedar ya que están las dependencias llenas. Es miércoles pero hay bastante turista merodeando el monasterio. Entro en información/tienda/entrada al claustro y le pregunto a la chica que está allí. No tiene ni idea pero gentilmente hace un par de llamadas. En breve aparece un hombre que realiza asimismo otra llamada. - ¿Que no podemos alojarle? Se lo quiere decir usted mismo. ¡Ah, vale! No van a alojarme. No hay sitio hasta setiembre. El que está al otro lado del teléfono podría al menos haber tenido la decencia de comunicármelo personalmente. El monasterio es gigantesco y un techo me podrían haber ofrecido al menos. Malhumorado abandono el lugar ya dispuesto a dormir en una ermita que me coge de paso a unos 5 Kms. Allí durmió Luis y me recomendó hacerlo yo también. Me informo de que al lado de la ermita encontraré una fuente y un riachuelo donde asearme: ¿Qué más puedo desear? Nada. Compro provisiones para la mañana y para el día siguiente y sigo hasta la ermita. Una jornada que esperaba corta, de 24’5 Kms., se ha convertido en una de 32 contando con la variante extra recomendada por los ciclistas. Ocupo el pórtico de la ermita. Me lavo en el río. Entro en el agua calzado y voy a salir descalzo. ¡Las chanclas! Río abajo van... Las recupero. Lavo la ropa “a la piedra” en la Fuente Coños (retocada alguna letra) y ceno tranquilo esperando el anochecer. Una lugareña acompañada viene a inspeccionar lo que hago y se queja de la monda de pera que tiré a la entrada de la ermita. Le explico que lo que verdaderamente empuerca (como dice ella) lo guardé en la mochila mas no entra en razón. Me acuesto con todo el arsenal posible de ropa para no pasar frío. No soy muy valiente y no logro dormir pendiente de todo ruido. Acabo por conciliar el sueño...
21ª Jornada: Ermita de Sta. Cecilia – Mecerreyes (21 Kms.). El cultivo de la generosidad. De vez en cuando, y al desvelarme, contemplo extasiado el cielo estrellado. Un cazador aparece temprano y me pilla en la fuente lavándome la cara. Me pregunta si pasé bien la noche. Le deseo suerte en su quehacer. Penúltima jornada. 31 Kms. me esperan hasta Mecerreyes. Es mi distancia así que fetén. Me alegro de haber adelantado un poco desde Silos. Santibáñez del Val está a 1 km. y un perro planta cara por dos veces al palo que siempre me acompaña. Sólo lo usé una vez, y fue cuando un traidor quiso morderme en la muñeca mientras le acariciaba la cabeza. Si se sabe presentar no hace falta usarlo. 17 Kms. por carretera hasta Retuerta. No es un programa atractivo pero es parte del programa del día. Paciencia como siempre. Primeros kilómetros en subida. Descubro el pueblo natal de “el Coco”; sí, ése que da tanto pavor a los niños. En lo alto del puerto hay un refugio de montaña donde reposo un rato. Bajando el puerto veo en un risco el mayor buitre jamás visto por mis ojos. Al poco diviso un pueblo. Será que no aparece en el rutómetro por descuido. Un pastor me confirma que se trata de Retuerta. Alegría descomunal. Existe una errata en el rutómetro y sobra el dígito de la decena. El pastor comparte mi alegría y me ofrece vino. Le pregunto por dónde debo seguir hacia Covarrubias y existen 3 opciones: carretera, el camino GR que indica el rutómetro (que principia con fuerte repecho) o el sendero local que llanea paralelo al río. ¡Al río! El sendero local comienza justo en el cruce del GR. Existe una trifurcación. El GR lo tomaríamos recto y el sendero local a la derecha en busca del río. Camino encantadísimo. Junto al río descanso holgadamente. Llegado a Covarrubias calculo que el sendero será, grosso modo, 1 Km. más largo que el GR. Da igual porque llaneé, fui sombreado y la etapa se redujo anteriormente en una tercera parte por la errata susodicha. En Covarrubias, bellísimo pueblo medieval, hay mucho turista y lo cruzo rápidamente sin quitar ojo de las magníficas edificaciones. Y ahora 7 escasos kilómetros de carretera me separan de Mecerreyes. Hace calor de nuevo. Antes, en la anterior carretera, la guardia civil no me dijo nada cuando deambulaba por la derecha. Los veo de lejos y me quedo en la izquierda. En las carreteras con escaso tráfico ando indistintamente por la derecha o por la izquierda. Normalmente voy por la izquierda pero si la única sombra está en la derecha, si puedo cortar una curva a la derecha o si por la derecha hay arcén de tierra no lo dudo. Un poco harto de carretera lo primero que pregunto nada más llegar al pueblo es dónde está el Mesón de Bustos, mesón que me recomendó sobremanera Luis. Acaba llamándose Mesón de Frutos. Da igual, lo encontré. No contaré el extremadamente exquisito trato que se me dispensó en el mesón, primero y a la hora de comer por la preciosa hija del dueño y por la noche por el mismo dueño. Simplemente, el que vaya, tiene parada obligatoria allí, pero obligatoria inexcusable. Así la sorpresa y su encanto serán mayores. Y si el dueño no cae en mostraros la deliciosa vivienda que construyó en el piso de arriba decídselo que lo hará con sumo gusto. Después de comer viene la mujer del alcalde para conducirme al ayuntamiento, que será mi hogar durante la noche. Un poco antes apareció cierto representante de la Ruta del Cid para comentar algunas cosas con ella. Charlé un poco con él y asintió en que “su” camino no estaba bien señalizado. La mía era una crítica constructiva, así lo comprendió contándome que están en ello. Durante la cena me tomo 6 botellines y a las 22 y pico regreso al ayuntamiento. La mujer del alcalde me avisó que estuvo mientras yo cenaba para enseñarle unas fotos al representante del Camino del Cid. Se ha percatado que he fumado dentro del ayuntamiento ya que está perfumado el ambiente. Sólo fumé un cigarro y cerca del servicio pero... Otro “baño checo” y me acuesto felicísimo por el trato recibido en el mesón. Mañana termino y ya añoro lo vivido durante estas 3 semanas.
22ª Jornada: Mecerreyes – Burgos (36 Kms.). La catedral a mis pies. Hoy pinta bien todo: el cielo, la mañana, el camino, Burgos... ¡Adelante pues!, la meta está cerca. Pisaré bien poco la carretera hoy y pienso disfrutar la jornada. De momento 14 Kms. hasta el próximo pueblo: Hontoria de la Cantera. A lo lejos se divisa tormenta. Debe estar sobre la capital o algo más acá. Por aquí está algo nublado pero no amenaza lluvia. Me encuentro como nunca, solo de nuevo sobre la tierra que piso durante horas. Y ya estoy en Hontoria, donde me siento en un banco a almorzar bajo el sol. Sólo en 3 ó 4 ocasiones descansé durante la ruta bajo el sol. Un leve fresco campea y actúo gozoso cual lagarto. Le pregunto a una mujer por una fuente, acaba trayéndome agua fresca de su casa y se sienta a mi lado a conversar. Me cuenta que la catedral de Burgos se construyó gracias a la cantera del pueblo. Es maja. De Hontoria a Revillaruz no encuentro señales y me guío por el rutómetro. Dudo en una bifurcación y a unos 500 ms. comprendo que voy por el camino equivocado. Un agricultor sobre su tractor me explica el camino sin apagar el motor y sólo comprendo que debo desandar un trozo. Existen dos posibilidades y opto al azar. Ahora el viento es recio y descanso en una chopera. Durante algunos días el viento me hizo compañía y casi siempre de frente. Hoy se quiere despedir de mí recordándome su fuerza. Sigo tomando caminos en bifurcaciones por instinto y tras algún problemilla llego finalmente a Revillaruz, donde unos perros me hacen algo de frente pero respetando lo que les ofrezco. Estoy mosqueado: La desorientación, el viento y los perros han agriado mi carácter. Un hombre me habla y acabo distrayendo mi ira en conversación amena y relajada. He hecho bien en pararme a hablar con él. En 3 Kms. debo estar en Cojóbar y ya desde ahí sólo 14’5 hasta el final de mi caminar. De momento Cojóbar, donde parece que hace poco han desviado el camino y hay que entrar dando un pequeño rodeo al pueblo. En Cojóbar ayudo a una señora a cargar un haz de leña en su coche. Me indican la fuente. Está pegada a una carretera pero hay hierba para tumbarse. No sé si comer aquí el bocadillo o más alante. ¡Aquí mismo! Abajo se divisa el comienzo de la Vía Verde que debe conducirme a Burgos. Pues nada, último tramo, el final. Me da por leer todos los paneles de la Vía Verde culturizándome sobre señales ferroviarias. Vuelvo a estar relajado. Hay mojones que indican los Kms. restantes hasta Burgos y fotografío la cuenta atrás desde 10. Me tumbo bajo un puente sobre el km. 8 practicando, como tantas veces, mi puntería con las piedras. El km. 7 debe estar en algún lugar que no consigo ver ya que estoy dentro de un túnel de 600 ms. de largo. Una delicia. El km. 6 tampoco lo veo. En cambio veo horrorizado que no han adecentado ninguna vía verde en este punto, sino que sólo faltan las vías del tren. Hay un camino a la izquierda sobre el que no tengo esperanzas y a lo bestia empiezo a caminar sobre las piedras. Pasado 1 km., más o menos, otro camino a la izquierda empieza paralelo a la vía. ¡A él! Al poco percibo que la vegetación se hace dueña de la vía. El camino me conduce finalmente al pueblo. No sé por qué, pero en vez de seguir recto, hacia donde se supone van las vías del tren, giro a la derecha ya que vi a un hombre girar por ahí con su perro. El viento sigue arreciando y decido descansar al abrigo de los vestuarios del campo de fútbol. Ya un poco relajado recuerdo que el viento me desequilibra a veces y por sentido común giro a la izquierda buscando de nuevo la desaparecida, ahora, vía del tren. Un señor me explica que el pueblo tiene previsto la confección de la vía verde en su término pero que aún no se realizó. Me tranquiliza diciéndome que a la salida del pueblo la reencontraré. Efectivamente, ahí resucita. Sólo 4 Kms. me quedan para llegar a Burgos y mucha gente se pasea por este trayecto. Casi nadie hace nada por saludar; es lo que tienen las grandes poblaciones, donde se perdió el saludo cotidiano, una de las costumbres que la mala educación ha casi extinguido. La gran ciudad. Me comparo con un salvaje que por primera vez se encuentra con una. Pero no me hallo incómodo del todo como otras veces. Estoy contento y satisfecho por estar realizando esta pequeña hazaña. El río. La catedral. Sí, acabé. Me explicaron que en Burgos recién inauguraron un albergue junto a la catedral. Me informo allí de que está justo a la espalda de ésta. Pues no es exactamente así y me cuesta algo encontrarlo. El albergue. El ejército de peregrinos. 3 euros me tienes que dar. Os acompaño. El cuarto piso. Las literas. Los que compartirán mi habitación. Las mochilas. Las conversaciones sobre la jornada recién terminada. Los extranjeros. Las duchas saturadas. El olor a caminata. El ruido... ¡madre mía!... ni sigo ni comienzo: ¡HE ACABADO! ACOGIDA EN LA RUTA DE LA LANA. Esta relación ha sido realizada por mí y por Pedro Antonio. Preguntad a la asociación conquense porque a partir de Cuenca ya hay algunos más pueblos que dan acogida. Alicante: No hay acogida. Preguntad aquí y ellos os informarán: http://www.encaminodesdealicante.org/ Novelda: Albergue privado gratuito. Camas. Duchas. Teléfono del presidente de la Asociación del Camino de Novelda, Paco Serra: 629 668 829. Villena: No hay acogida. A 5 Kms. sí hay acogida en el Santuario Nuestra Señora de las Virtudes, pero hay que desviarse por el Camino del Sureste (dirección Albacete, Toledo...). Almansa: Acogida gratuita en convento de monjas (Esclavas de María) (donativo voluntario). 2 Camas. Ducha (agua caliente). Al llegar al Ayuntamiento hay que seguir por esa acera (Plaza de Sta. María y C/. Virgen de Belén) y girar en la 3ª calle a la derecha, la calle Del Campo, en el nº 2. Mejor, llamar a Alfredo, de la ACSAB (620 856 934). Si está ocupado en las monjas Hotel El Estudio (C/. Méndez Núñez, 44, económico, conexión internet, cocina y guarda-bicis). Alpera: Acogida en albergue municipal (sin duchas. Dificultades si es fin de semana o festivo). Suelo. Preguntad por Francis o bien por Pedro Antonio, el médico, en el pueblo, o llamadle (680 327 343). Si no, preguntad por la alcaldesa. También Pensión Stop (Avda. Albacete) y Hostal El Cazador (C/. Mejorada) (Económicos. Atentos con el peregrino). Alatoz: Acogida municipal. Colchonetas. Ducha (agua caliente). Preguntad por Pedro Antonio o en la Taberna La Romana. En Alatoz está la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Albacete -ACSAB. Podéis contactar con ellos para cualquier duda o problema: http://alatoz.com/ruta.htm - alatozweb@castillalamancha.es, o llamando a los Tlfs.: 680 327 343 (Pedro Antonio) o 620 856 934 (Alfredo). Casas Ibáñez: Acogida municipal en la Cruz Roja o en el albergue de transeúntes, ambos sitos en la plaza de toros. Camas. Ducha (agua caliente). Preguntad en el Ayuntamiento, la Cruz Roja o a la policía municipal, que tiene el local enfrente de la plaza. En Cuenca está la Asoc. de Amigos del Camino de Santiago de Cuenca http://www.decuencaasantiago.org/ Para cualquier asunto podéis llamar a Luis: 636 351 061, a Miguel Ángel: 606 353 160, o bien a la asociación: miércoles, de 18'30 a 20'30, al 669 934 272. Villarta: Acogida municipal en centro social. Suelo. Lavabos. Preguntad por el alcalde. Hay también una pensión (15 euros). Campillo de Altobuey: No hay acogida. Preguntad por el cura a ver si os deja el garaje como techo. Hay también una pensión que suele estar completa durante todo el verano. Monteagudo de las Salinas: Acogida municipal en el centro social. Suelo. Lavabos. Preguntad por el alcalde. También: Hotel Rural El Romeral (lujoso y caro). Fuentes: Acogida parroquial en albergue de transeúntes. Una litera. Ducha. Preguntad por el cura en el bar Los Cazadores junto a la carretera. Si no está el cura preguntad por la persona que también tiene llaves del albergue. Chillarón de Cuenca: No hay acogida. Pensión. 25 euros. En Cuenca tampoco hay acogida pero pensiones más baratas. Torralba: Acogida municipal en el centro social. Suelo. Lavabos. Villaconejos de Trabaque: Albergue municipal. Aún amueblándose. Preguntad por Pepe. Su mujer, Ana Mª, tiene una carnicería en calle Colmenillas nº 4. Ambos son peregrinos. En Guadalajara esta la Asoc. Alcarreña de Guadalajara de Amigos del Camino de Santiago. Si necesitáis cualquier cosa, llamad a José Luis Bartolomé: 608 422 155, o a Javier Prados: 949 225 269 / 949 212 445). Salmerón: Acogida municipal en el mismo ayuntamiento. Sillones sin brazos que hacen de cama. Lavabos. Preguntad por la alcaldesa. Su familia regenta el Bar los Cazadores. Trillo: Acogida municipal en polideportivo o en plaza de toros. Colchoneta. Duchas. Preguntad por la concejala de cultura en la oficina de información de turismo, a la salida del pueblo (cierra a las 18 hs.). Si está cerrada preguntad en el polideportivo. Cifuentes: Acogida municipal en el Polideportivo (en las afueras del Pueblo). Suelo. Duchas. Mandayona: Acogida municipal en centro social. Suelo. Lavabos. Preguntad por la alcaldesa. Atienza: Acogida municipal en el mismo ayuntamiento. Suelo. Lavabos. Posibilidad de acogida igualmente municipal en casa de turismo rural con camas y duchas. Una alternativa: Fonda Molinero, amables con los peregrinos. Comidas caseras. Precio asequible. Ambiente acogedor. Tarancueña: Acogida particular: Padre Inocente. Preguntad si está en el pueblo (me comunicó que sólo está unos 15 días en agosto). Si no su hermano sí suele estar durante los meses de julio y agosto y también acoge. Colchones. Ducha. Caracena: Bar Santiago. Suelo. Lavabos. Fresno de Caracena. Acogida municipal (almacén, junto al Ayuntamiento, al lado del rollo de justicia). Ni ducha ni aseos (aunque lo están adecentando). San Esteban de Gormaz: Acogida parroquial en centro parroquial, a la entrada del pueblo. Suelo. Lavabos. Preguntad por el Padre Fortunato. Una alternativa, no muy cara, es el Complejo rural El Sotillo (cabañas de madera junto al rio Duero). También tienen bar/comidas. Quintanarraya: Albergue de peregrinos a Santiago y del Camino del Cid. Camas. Ducha. Preguntad por cualquier miembro de la Asociación Cultural La Espiga. Santo Domingo de Silos: Acogida monástica. Literas. Ducha. Durante los meses de verano el albergue suele estar completo. A 5’5 kms., por el camino, está la ermita de Santa Cecilia, que tiene al lado río y fuente. Pórtico = techo. Covarrubias: Hotel Rey Chindasvinto, precios razonables, con bar y comidas. Mecerreyes: Acogida municipal en el mismo ayuntamiento. Suelo. Lavabos. Burgos: Albergue de peregrinos tras la catedral unos 100 ms. a su derecha según llegamos a ella. Literas. Duchas. 3 euros.
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