NUESTRA BIBLIOTECA JACOBEA
(Artículo de ALBERTO SOLANA publicado en el nº 37 de VESTIGIUM VIAE, boletín de la ASOCIACIÓN DE "AMICS DELS PELEGRINS A SANTIAGO-BARCELONA".
 

 

TURISMO Y PEREGRINACIÓN. “Entre la devoción y la aventura”.

Con alguna frecuencia tiende a hablarse del turismo jacobeo con un cierto tono despectivo anteponiendo los valores puristas del peregrino y la peregrinación. Hace falta bisturí en este tema, porque ni es oro todo lo que reluce ni mierda todo lo que nos huele mal. Hay turistas que son verdaderos peregrinos y supuestos peregrinos que son meros turistas de mochila y albergue. La calidad depende de la persona, no del contexto. Nadie es más ni menos que nadie. Podría ser un buen tema de diálogo, pero pretendo ahora valorar la presencia del turismo en el mundo de la peregrinación.

Lo más correcto creo que es aceptar que el turismo surge y acompaña a la peregrinación, pues si ésta va delante, aquel la sigue de cerca como complemento inevitable y hasta necesario. Por ejemplo y de modo genérico, la vieira que surge como testimonio y símbolo de la peregrinación, acaso reutilizada de otras fuentes, se convierte al mismo tiempo en recuerdo o “souvenir” del viaje. Llega a agotarse y entonces surgen los artesanos con vieiras de piedra, de plata, de azabache… y enseguida surgen otros productos: medallas, insignias, calabazas, campanitas… peregrinación y comercio se dan la mano, souvenir y emblema son caras de un mismo objeto, peregrinación y viaje se convierten en una misma cosa.

La vía sacra es también vía comercial que atrae a cambistas, mesoneros, hosteleros, constructores, canteros, herreros, azabacheros, plateros, prelados, reyes, militares, caballeros, juglares, trovadores, vendedores, prostitutas, cantamañanas, pícaros, timadores, trileros, ladrones, criminales, falsos peregrinos… No hay realmente nada nuevo en escena, y todos, en la medida de su época, se guían por los mismos criterios de la oferta y la demanda, los mismos que hoy mueven la industria turística.

Los libros de viajes y guías del camino son buena muestra también de un sentido turístico promocional de bienes de uso y consumo. El Códice Calixtino es el primero que servirá de guía a Nopar, señor de Caumont, o a Herman Küning von Vach, monje de Estrasburgo o a Guillermo Manier, sastre y vecino de Carlepont.

En el siglo XVII y modulándose desde mucho antes, ya la peregrinación no se entiende como un ejercicio heroico de pobreza, de renuncia o de economía de medios, sino la iniciativa de hombres pudientes como la clase médica, los clérigos, los artesano, los profesionales liberales, los nobles, los que peregrinan con una mezcla de devoción y de aventura en busca de conocer mundo.

Es el caso del mencionado Guillermo Manier, que viajó a Compostela en 1726. Hombre curioso, cuenta lo que vio a su paso describiendo tierras, comidas, precios, la belleza de las mujeres y su modo de vestir… Describe con detalle Santiago, y sobre todo el menú con que cada convento obsequiaba a los peregrinos al tiempo que compra distintos recuerdos y recorre los mesones. En su retorno vuelve por Oviedo para conocer otros lugares. No exento d devoción, su libro del viaje tiene una orientación turística como prueba que estos dos mundos, la peregrinación y el turismo, no son mundos opuestos, sino simultáneos y complementarios, porque sin provisiones ni condumios no hay mística que resista, al menos para la mayoría de los mortales.

El caso que se nos muestra más claro como viaje en visita divulgativa en que el camino se hace por viajar como dedicación personal aunque no exenta de religiosidad, es el viaje de Cosme II de Médicis en 1668, acompañado de una corte de 40 personas entre sirvientes y colaboradores, entre los que se encuentra Lorenzo Megalotti como corrector y realizador del relato oficial del viaje, y Pier María Balde que lo ilustrará con acuarelas. Cosme de Médicis relata con una cierta distancia, sin demasiado espíritu peregrino, sin integrarse en el medio por el que se interesa para observarlo y describirlo, sin ocuparse demasiado por comprenderlo, como se ve en su descripción del rito del abrazo al apóstol. Su largo viaje parte de Florencia y al llegar a Santiago embarca en La Coruña hacia las Islas Británicas, con todo su séquito, donde continúa su viaje.

Desde los tiempos de Adán y Eva, pasando por Marta y María, el hedonismo y la mística, el ora et labora, el a Dios rogando y con el mazo dando, y hasta por la consustancialidad tomista del alma y del cuerpo, la devoción y la aventura forman parte del Camino y ambas deben guardar un proporcionado equilibrio si se quiere conocer el Camino en su integridad.

Al pasar junto a un campesino o un lugareño amigable, es obligado el saludo y la conversación. Al paso por una aldea hay que parar en su tasca y tomar un vino y algún producto del lugar olvidándose de las cartas y del IVA. Al pasar por una ermita, si está abierta, sea creyente o no, no lo dudes y entra:, tendrás oportunidad de descansar un rato a la sombra y en silencio, aprovecha para rezar al si sabes o quieres, o dedica un pensamiento generoso y altruista hacia algo o alguien que aprecies.

Y al llegar a Santiago, no te confundan las colas, el bullicio ni el barroco, y no dejes de entrar a dar un abrazo al Apóstol y de visitar su cripta donde podrás orar o reflexionar un rato sobre tu Camino en el corazón de su origen. No dejes después de comer en casa Manolo con tus compañeros de caminata, constituye también un rito sagrado. Y si es tu deseo, continúa hasta Finisterre o permanece un poco en Compostela como fin de tu viaje, pero desoye cualquier sentencia sobre cual es la forma más auténtica de terminar el camino, si en el mar o en el templo, todos mienten porque en ti mismo están el principio y fin de tu camino.

El Camino te permite rezar en el mar y hacer turismo en el templo, y entre un extremo y otro estarás tú que dices cómo, dónde y cuándo. Esta es la gran riqueza de nuestro Camino de Santiago, el único Camino que no va a Roma.

Alberto Solana.