NUESTRA BIBLIOTECA JACOBEA |
| (Artículo de A. Area publicado en el nº 37 de VESTIGIUM VIAE, boletín de la ASOCIACIÓN DE "AMICS DELS PELEGRINS A SANTIAGO-BARCELONA) | ||||||||
¿PEREGRINOS DE CALIDAD? Me llevo muy bien con mi cuñada Ana, aunque seamos muy diferentes en muchas cosas. Es muy academicista, por ejemplo, a la hora de ver el mundo. Quiero decir que para ella es muy importante lo que las instituciones opinan de un hecho; algo es correcto si viene garantizado y avalado por un catedrático, por un sabio o por la Historia, así con mayúscula. Cuando le dije que me iba a Santiago desde la puerta de mi casa en Madrid se quedó un rato callada y me preguntó: -Pero… ¿Hay camino de Santiago desde aquí? -Sí, hay uno señalizado que va por Segovia y Valladolid hasta Sahagún –contesté. -Pero… ¿Había peregrinos por allí? –volvió a preguntar. -No, no es un Camino tradicional porque Madrid en el siglo XIII no era más que un pueblajo, en caso de que existiese. Aún así se ha trazado el itinerario sobre caminos existentes desde el siglo XVI al menos. -Pero… ¿Es Camino de verdad entonces? Me estuvo mareando un buen rato con sus preguntas hasta que encontré el argumento más convincente para sus esquemas mentales: -Mira cuñada, en puridad no existe el Camino de Santiago. Antiguamente los peregrinos salían de su casa, no iban en autobús a Roncesvalles y desde allí se ponían a andar. El Camino de Santiago, el de verdad si alguno tiene que ser de verdad, es el que empieza en la puerta de tu casa, aunque sea en Getafe. Y entonces se quedó muy convencida. Si hay gente que piensa como mi cuñada es porque existe una categoría de supuestos expertos y supuestos doctos que aparecen en los medios de comunicación y opinan, muy gratuitamente en mi opinión, sobre el tema. Hoy, por ejemplo, Día del Pilar he visto por televisión la ofrenda en Zaragoza y en mitad de la emisión ha aparecido un cargo eclesial de la Catedral de Santiago que ha venido a decir lo siguiente: “Este año Jacobeo no podemos olvidar la conexión, incluso física, entre Santiago de Compostela y el Pilar de Zaragoza. Hoy en día, además del Camino Francés, existen otros caminos nuevos (sic) como la Vía de la Plata o el Camino del Norte. Hoy todos los caminos conducen a Santiago del mismo modo que se dice de Roma”. No he tirado un cenicero a la pantalla porque al fin y al cabo la televisión es mía y cuesta una pasta. ¡¡¿¿Caminos nuevos??!! Me pregunto cuantas veces habrá caminado a Santiago este señor purpurado. Y no se trata solamente de la opinión de un individuo, no. Ojalá. Este verano se reunieron en Santiago de Compostela 30.000 jóvenes cristianos que habían caminado cuatro días a lo sumo y Monseñor Rouco Varela se subió a un púlpito en mitad del Obradoiro y entre otras lindezas les dijo “vosotros sois peregrinos de calidad” (sic). ¡¡¿¿Peregrinos de calidad??!!... ¿Os habéis dado cuenta de la maldad del pensamiento? Para este señor, y por ende para la Institución que representa, hay dos categorías de peregrinos: los de calidad y los que no son de calidad. Dentro del primer grupo están los que van por motivos religiosos y además lo van manifestando ostentosamente por el Camino Francés o por los “caminos nuevos”. En el otro grupo estamos el resto, los que no vamos cantando salmos a María. Y resulta que según sus esquemas los del segundo grupos somos inferiores a los del primero. Pero cómo se puede ser tan retorcido. Monseñor, no hay peregrinos de calidad, lo que hay son personas de calidad. Y dentro de las personas de calidad, las hay que son peregrinos, del mismo modo que los hay médicos, melómanos y obesos. Y las mejores personas de calidad que además son peregrinas son aquellas que caminan a Santiago con el fin último de poner en orden su cabeza, de ser mejores personas y de encontrar su lugar en el mundo, sean cuales sean sus creencias religiosas. Vi además este verano una fotografía en el periódico donde varios de aquellos jóvenes manifestantes, perdón, peregrinos de calidad enseñaban su compostela. Habían caminado, al menos, los últimos 100 kilómetros y la Oficina del Peregrino había preparado 30.000 compostelas como un certificado de su calidad, como si fuera la ISO 9000 Jacobea. Desde el día que vi aquellas fotografías me acero a la compostela de mi primer Camino, la que tengo enmarcada y colgada de mi cuarto de estar y le pregunto si es una compostela de calidad. Porque estoy más que seguro de que Monseñor Rouco Varela es perfectamente capaz de diferenciar en un primer golpe de vista la compostela de un peregrino de calidad de una que pertenece a un peregrino de no-calidad como yo. Y es que esto al final va a ser como la filatelia, con un catálogo de referencia editado por la Oficina del Peregrino donde se categoricen y valoren las compostelas según las creencias de los peregrinos que las posean. Y ya que estamos haciéndonos preguntas por qué no una más. ¿Es realmente necesaria una Oficina del Peregrino? Porque no sé cuales son sus funciones aparte de emitir compostelas; bonitos objetos de decoración por otro lado. Y eso cuando te las quieren dar. Porque recuerdo una vez que me la negaron, una vez que llegué a Santiago por un camino nuevo, por el de la Plata. Las había pasado canutas ese año por el calor, las ampollas y la soledad, pero todo se daba por bueno porque al fin estaba en el Obradoiro. Pensé en regalar a mi madre la Compostela, con su nombre escrito, ya que ella no podía ser peregrina por su edad y por su corazón cardíaco. Además debo decir que es muy devota, muy de calidad que diría Monseñor. Pero no fue posible el regalo, en la Oficina del Peregrino me dijeron que la credencial era personal e intransferible. Desde entonces no he vuelto por allí. Leí en el boletín número 36 de esta Asociación que el pasado mes de agosto habían colgado el siguiente cartel en la puerta de la Oficina del Peregrino: “Desde este punto el tiempo de espera para recibir la Compostela es superior a una hora . Valore si merece la pena. Recuerde que para recibir la Compostela debe de subir cada peregrino con su credencial ”. Ellos sí que dan pena. Una vez me contó un peregrino, uno de esos que lleva muchos años caminando obsesivamente a Santiago por todos los Caminos, incluso los nuevos, que hace muchos años cuando llegabas a la Oficina del Peregrino salía el responsable y te daba un abrazo. Y me contó que entonces no había credencial. Pero no sé si creerme la historia porque resulta que este peregrino trotado no es un peregrino de calidad a los ojos de Monseñor. Aunque me parece que al peregrino susodicho poco le importa. A.Area.
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