Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Albacete
Consejos para una correcta alimentación (de la Revista Consumer Eroski, septiembre 2007)
 
Consejos para el peregrino (Documento de ©Fundación Eroski CONSUMER.es EROSKI )

 

 

Para que esta aventura de 800 kilómetros resulte gratificante para el espíritu y lo menos molesta posible para el cuerpo, antes de ponerse en camino viene muy bien buscar información y conocer al menos básicamente la historia del Camino y prepararse físicamente para poder realizar con éxito la peregrinación. Para ello, nada mejor que establecer contacto con las oficinas de Información al Peregrino o con la Asociación de Amigos del Camino de Santiago más próxima a tu domicilio.

Al salir:

Ambiéntate leyendo algo sobre la historia del Camino y la peregrinación: te ayudará a sentirte un eslabón más de la gran cadena de peregrinos que te ha precedido, conseguirás sublimar el esfuerzo físico y psicológico a realizar (las comodidades en el viaje son pocas y el cansancio puede ser importante) y te preparás mentalmente para disfrutar mejor de la gran experiencia cultural en que se convierte el recorrido.

Procura hacer un plan de etapas previo, pensando que lo normal es recorrer 25 ó 30 kilómetros cada día. Conviene programar al principio etapas cortas, hasta que el cuerpo se vaya haciendo a la idea de nuestro propósito. Al cabo de una semana, ya estarás entrenado y podrás afrontar etapas más largas. Puedes programar algún día de descanso, pero lo mejor es realizar algunas etapas cortas, casi paseos (de unos 10 km.), coincidiendo con el paso por los lugares que quieras visitar detenidamente; así podrás descansar sin perder el ritmo y sin dejar de avanzar.

La peregrinación andando está al alcance de cualquier persona, aunque no sea un atleta, siempre que se sepa dosificar el esfuerzo en función de las posibilidades físicas de cada uno.

Es recomendable realizar una preparación física previa, tanto para el peregrino de a pie como para el que va en bici o a caballo. Un entrenamiento en recorridos cortos y zonas montañosas es muy aconsejable. Entrénate con caminatas cada vez más largas y, a ser posible, con la mochila cargada y las botas que vayas a llevar al viaje.

Comunica a tu familia el recorrido con las fechas previstas, para que en caso de urgencia te localicen rápidamente.

Qué llevar:

Mucho ánimo, pero poco peso. No carguemos la mochila (no más de 10 kilos) con objetos innecesarios o que se puedan adquirir en el Camino; evitaremos las rozaduras de las correas. Ha de ser cómoda y ligera. Procúrate una de tipo anatómico, con correas en la cintura y el pecho, y con bolsillos laterales y superiores. Hay que meter las cosas en la mochila de forma ordenada y en bolsas de plástico de diversos colores para facilitar su uso y prevenir que se puedan mojar. Lleva un calzado adecuado, es la parte fundamental del equipaje, y nunca estrenes las botas en el Camino. Indispensables unas botas bien adaptadas al pie, cómodas, que sujeten el tobillo y con una suela que no resbale. Lleva calcetines de algodón, siempre limpios, secos y bien colocados, para evitar rozaduras. No olvides unas chanclas para usar en la ducha y para descansar en los finales de etapa.

Es preferible realizar el Camino en primavera o a principios de otoño. Este verano será difícil conseguir dormir en los albergues, previsiblemente llenos hasta la bandera. Y hay tramos en los que el calor será asfixiante. En invierno, algunos tramos de montaña resultan gélidos.

La indumentaria debe ser adecuada al tiempo. En verano, ropa ligera de algodón, y en invierno, anorak de montaña, guantes y ropa de lana. Un gorro para el frío, en invierno; y para el sol, en verano. No olvidemos las gafas de sol ni el bañador. Una bolsita con detergente facilitará la limpieza y que al final de la jornada uno se pueda poner ropa limpia.

El saco de dormir resulta muy útil, ya que los albergues ofrecen muchas plazas en el suelo. Si no se lleva saco, conviene incluir en la mochila una funda de almohada, dado que la higiene en algunos albergues es muy primitiva. Viene bien llevar una esterilla, para cuando no hay otra opción que dormir en el suelo (ocurre a menudo).

Cargar con cazuelas y sartenes es un error. Hay albergues que sirven comidas, y el Camino está sembrado de restaurantes con menús a precio módico. Los albergues en los que se permite cocinar cuentan con los utensilios necesarios. Lo mejor es llevar sólo cubiertos y una navaja.

No olvidemos la cantimplora con agua, ni el bastón o bordón para acompañar el paso en caminos resbaladizos o abruptos.

Papel higiénico, toalla y cortauñas no deben faltar en la mochila. Los imperdibles sirven para colgar la ropa húmeda de la mochila mientras andamos.

Botiquín: aguja e hilo para pinchar las ampollas, desinfectante, tijeras, esparadrapo, vendas de algodón, alcohol, un laxante y un antidiarreico, crema antinflamatoria y aspirinas o paracetamol. Y crema de protección para evitar quemaduras solares.

Documentación (tarjeta de la Seguridad Social y DNI), imprescindible. Una guía escrita del Camino ayuda mucho al peregrino, al igual que una libreta para tomar notas. En lugar de dinero en efectivo, utilicemos tarjetas de crédito. Son más seguras. Si queremos la Compostela, hagámonos con el libro de sellos o credencial del peregrino en nuestro punto de inicio del Camino.

Los tapones de oídos sirven para evitar los ronquidos de los compañeros de habitación.

Una vez en marcha...

Al caminar, ten en cuenta que todo el Camino está marcado con flechas amarillas y mojones de piedra. Sigue la flecha.


En verano evita las horas de más calor, sal lo más temprano posible. Ponte crema protectora para el sol y no uses durante muchas horas, los primeros días, camisetas y pantalones cortos.

Procura no caminar muy rápido los primeros días hasta que conozcas tu ritmo más adecuado. Si peregrinas en grupo procura adaptarte al ritmo del más lento, en el Camino no hay que llegar el primero, sino alcanzar la meta. No hay competición alguna.

En los tramos de carretera, siempre ve por el arcén izquierdo, no olvides que eres la parte más débil y que los automóviles no se fijan mucho en un "simple peatón". Si se hace el Camino en grupo, no se deben crear apelotonamientos en la calzada.

No es conveniente caminar por la noche, pero si se hace, se deben usar reflectantes que avisen de nuestra posición a los vehículos.

En caso de agotamiento por calor, busquemos un lugar fresco para descansar, beber líquido e intentar recuperar los minerales perdidos (un litro de agua con una cucharadita de sal y media de bicarbonato). Si los calambres son fuertes, aumentaremos la cantidad de sal.

Lleva siempre a mano algo dulce y frutos secos para reponer energías en un momento de desfallecimiento.

Hacer la peregrinación a Santiago implica una cierta sobriedad en los gastos, no es de recibo pedir refugio gratuito y gastar el dinero sin control en cosas prescindibles. Ser auténticos peregrinos nos obliga a ser honrados y austeros.

Trata con amabilidad a la gente que encuentres al borde del Camino. No son ingenuos a tu servicio, sino personas normales que tratan bien a los peregrinos.

Si encuentras alguna deficiencia o se te ocurre alguna sugerencia para mejorar las cosas, ponte en contacto con alguna de las Oficinas de Información.

No te desanimes ante los problemas. Esto no es un viaje turístico "todo controlado"; los problemas surgirán, pero forman parte de "tu Camino" y muchos peregrinos antes que tú los han sufrido y superado.

Para no perderse en el Camino…

Sigue siempre las flechas amarillas. No hace falta que adquieras ningún libro de mapas del Camino (hay bastantes), sólo basta con que te fijes en las flechas amarillas que están marcadas a lo largo del recorrido. Aunque cruce todo tipo de suelos o se complique su trazado, las encontrarás en los lugares mas insólitos: árboles, pequeñas piedras en el suelo, muros, porteras, etc.

Además, en algunos albergues del camino, recibirás unas cintas plásticas amarillas para que, en ciertos puntos del recorrido, cuya indicación de las flechas amarillas están deficientes, ates estas cintas a los árboles, arbustos, donde sea, para que sirva de señalización para los próximos peregrinos al pasar.

De todas formas, si te pierdes en algún momento, basta preguntar a la primera persona que encuentres, serás bien informado.

La mejor época para hacer el Camino es…

En verano, sobre todo en julio y agosto, hay muchísima gente en el Camino y además son los meses en los que el calor es más duro.

En invierno sucede todo lo contrario, es decir, no hay casi nadie, está demasiado solitario, y por supuesto está el problema del frío.

Son Albergues, no Hoteles.

Consulta la lista de albergues de peregrinos actualizada si deseas usarlos. Estos refugios son exclusivamente para quienes peregrinan a pie o en bicicleta sin hacer tramos en vehículo. No se puede hacer reservas.

Para los grupos grandes de peregrinos conviene buscar alojamientos distintos a los albergues. No es lógico que llenen los albergues y dejen a otros peregrinos en la calle.

Es imprescindible la Credencial de Peregrino para poder pernoctar en los albergues.

Si usas los albergues de peregrinos comprobarás que no todos reúnen buenas condiciones, acepta lo que te ofrezcan y agradece el esfuerzo de muchas personas que trabajan desinteresadamente para ayudarte.

Ten en cuenta que, normalmente, los albergues, no abren hasta mediodía.

Procura colaborar para dejar los refugios limpios y estírate con un donativo para contribuir a los gastos de mantenimiento.

Por la noche, respeta el descanso de los demás. En los refugios se exige silencio a partir de las 21:00 o las 23:00 horas.

Los albergues están concebidos para pasar una sola noche (en caso de enfermedad, consulta con los responsables del refugio).

En los albergues y en todo el Camino en general, procura seguir las máximas "Peregrino, deja lo que puedas; toma lo que necesites" y "El turista exige, el peregrino agradece".

Cómo alimentarse durante el Camino.

Comida bien planificada.

Por la mañana es fundamental dedicar tiempo suficiente, al menos 20 minutos, a disfrutar de un desayuno completo que incluya lácteos, cereales (cereales en copos, pan, tostadas, pan de molde…), fruta o zumo y complementos (mantequilla o margarina, queso, fiambres, mermelada, miel, azúcar...). Si la marcha se va a realizar por la tarde, conviene tomar una comida sencilla y sin demasiadas grasas dos horas antes de comenzar. Por ejemplo: un plato de pasta, arroz o verdura con patata, carne o pescado (cocinados de manera sencilla, sin mucha grasa) con guarnición de verdura o ensalada. La comida debe ir acompañada de pan y una fruta o algún lácteo suave de postre. En caso de optar por comer un bocadillo, es preferible que sea de tortilla de patata, acompañado de fruta y/o zumo y batido o infusión azucarada, ya que de este modo aseguramos un buen aporte de hidratos de carbono, el mejor antídoto contra la pájara. Puesto que el desarrollo de cada etapa dura varias horas, conviene que cada 60 ó 90 minutos nos tomemos un breve descanso para beber e ingerir algo sólido que contenga hidratos de carbono, lo que nos permitirá mantener mejor el ritmo de ejercicio, y sobre todo por dos razones fundamentales: evitar la pájara y la deshidratación.

Hidratación antes, durante y después de la caminata.

Durante el ejercicio continuado, el agua es tan importante como los hidratos de carbono, sobre todo en días de mucho calor y humedad. Es un error relativamente generalizado no beber agua ni antes ni durante la caminata, así como esperar a tener sed o hambre para comenzar a beber agua y tomar alimentos. La sed aparece después de que el cuerpo ha comenzado a deshidratarse. Por tanto, se deberá beber agua regularmente, dependiendo del calor y de la humedad, antes de que comience la sensación de sed. Para saber si se están tomando líquidos suficientes, basta con observar el aspecto de la orina. Un color amarillo pálido indica hidratación adecuada, mientras que, micciones frecuentes, en pequeña cantidad y de un color amarillo dorado o intenso y olor fuerte es indicativo de que no se cubren los requerimientos de líquidos. La deshidratación puede llegar a provocar una sensación de mareo, náuseas, e incluso, vómitos y diarreas. Si el ejercicio se prolonga durante horas, se aconseja tomar tres vasos de agua 1 ó 2 horas antes de iniciar la actividad, dos vasos 15 minutos antes y beber la cantidad de líquido equivalente a un vaso, cada 40 minutos aproximadamente, durante el desarrollo de la etapa. Es recomendable que la bebida se mantenga fresca, para lo cual al peregrino no le ha de faltar una cantimplora adecuada. Asimismo resulta fundamental la rehidratación una vez concluido el esfuerzo físico del día, incluyendo agua e hidratos de carbono; y si la transpiración (sudor) ha sido importante será preciso, además de hidratar, reponer los electrolitos perdidos.

©Fundación Eroski
CONSUMER.es EROSKI (Documento impreso desde http://caminodesantiago.consumer.es/web/es/consejos/)

Consejos ofrecidos en la biblioteca Jacobea de Carrión de los Condes. (www.bibliotecajacobea.org)

Consejos prácticos para recorrer el Camino a pie.

Para muchos la peregrinación a pie a Santiago de Compostela es una de las experiencias más gratificantes de su vida. Al mismo tiempo es un reto físico y mental que hay que preparar concienzudamente. Por ello, los siguientes consejos son vitales para emprender una experiencia única.

Antes que nada hay que procurar ambientarse leyendo algo sobre la historia del Caminoy la peregrinación que ayude a que el peregrino se sienta un eslabón de la gran cadena de peregrinos que le han precedido y al tiempo le prepare para disfrutar mejor el recorrido.

Existe un amplísimo catálogo de libros sobre el Camino de Santiago entre los que se encuentran las Guías del Camino con mapas y distancias. Elige la que más te guste, consúltala y procura hacer un plan de etapas previo, pensando que lo normal es recorrer 25 ó 30 kilómetros cada día. Es conveniente programar en un principio etapas cortas hasta que el cuerpo se vaya habituando. Al cabo de una semana ya estarás entrenado para hacer recorridos más largos. Puedes programar algún día de descanso, o intercalar con etapas más cortas, coincidiendo con el paso por los lugares que quieras visitar detenidamente. De esa forma podrás descansar sin perder el ritmo.

La consulta de los albergues y refugios habilitados para los peregrinos es básica si deseas utilizar este servicio. Estos refugios son exclusivamente para los que peregrinan a pie, bicicleta o caballo sin hacer tramos en vehículo, y no se pueden hacer reservas previas. Los grupos grandes de peregrinos conviene que se busquen una alternativa al alojamiento en los albergues habituales debido a su capacidad.

La peregrinación andando está al alcance de cualquier persona aunque no sea una atleta, siempre que se sepa dosificar el esfuerzo en función de las posibilidades físicas. Por ello, un entrenamiento previo con la realización de caminatas es de gran ayuda.

En la preparación del equipo son básicos:

La mochila será nuestra compañera de camino durante muchas horas por lo que debe ser cómoda y ligera, especialmente de tipo anatómico, con correas en la cintura y el pecho, y con bolsillos laterales y superiores. La colocación de tu equipaje de forma ordenada y en bolsas de plástico de diversos colores te facilitará su uso al tiempo que te ayudará a prevenir que se pueda mojar su contenido. No olvides que el peso es un gran problema que se evita prescindiendo de casi todo. Si pesa más de 10 kilos, “te pesará”. Al cargarla distribuye lo más pesado al fondo y lo más próximo posible a la espalda. No es conveniente llevar nada fuera de la mochila, colgando, ya que se puede mojar o perderse.

El saco de dormir es imprescindible si piensas usar los albergues de peregrinos. En verano no es necesario que sea muy grueso y por tanto, mucho más ligero. También conviene llevar una esterilla o foam para evitar el contacto directo con el suelo en caso de que toque dormir sobre éste.El calzado es otro de los elementos imprescindibles. Procura llevar más de un par y que el pie esté previamente acostumbrado a ese tipo de calzado. Lo ideal es una bota de tejido ligero y que permita la transpiración, que proteja los tobillos de los esguinces y facilite caminar entre piedras y barro. En verano se pueden usar unas zapatillas deportivas si las botas resultan incómodas.

La ropa , poca, dos juegos de cada pieza, un jersey y chubasquero o capa que en caso de lluvia pueda tapar también la mochila. Una bolsita con detergente facilitará la limpieza y que al final de tu jornada te permita ponerte ropa limpia. Lo agradecerá tu olfato y el de tus compañeros. Una concha o viera así como un bordón o vara de caminante te permitirán ser fácilmente identificado como peregrino, y la vara te ayudará en tu caminata.

Siempre hay que llevar un poco de comida encima, sobre todo frutos secos, fruta o chocolate, y la cantimplora llena. Es inútil cargar comida para más de un día. Se puede llevar un pequeño botiquín con yodo, esparadrapo de tela, gasas estériles, tiritas, algún laxante y antidiarreico, una crema antinflamatoria y crema de protección solar. No te olvides la Cartilla de la Seguridad Social .

No es bueno llevar mucho dinero encima. Es mejor usar tarjetas de crédito o cheques de viaje. Conviene que tu familia tenga idea de tu recorrido y los Teléfono:s de las Oficinas de Información para localizarte en casos urgentes. También te puede resultar de utilidad una pequeña agenda o libreta para hacer anotaciones o plasmar en ella los múltiples y variados sellos que irás encontrando a lo largo del Camino. Recuerda que en la credencial el “imprescindible” para constatar tu paso es el cuño del albergue en el que haga noche.

Al caminar ten presente que todo el Camino está marcado con flechas amarillas y mojones de piedra. En verano evita las horas de más calor madrugando un poco más. Ponte crema protectora para el sol y durante los primeros días no uses durante muchas horas camisetas y pantalones cortos. Procura no caminar muy rápido los primeros días hasta que conozcas tu ritmo más adecuado. Si vas en grupo, procura adaptarte al paso del más lento. En el Camino no hay que buscar llegar el primero, sino llegar.

Si usas los albergues comprobarás que no todos reúnen buenas condiciones. Acepta lo que se te ofrezca y agradece el esfuerzo de muchas personas que trabajan para ayudarte de modo altruista. Colabora para dejar los albergues limpios y en los que se fije un donativo colabora con éste en el mantenimiento de los gastos. No olvides que los albergues están previstos para pasar en ellos una sola noche. En caso de enfermedad consulta con los responsables para que puedas ampliar tu estancia un poco más.

Trata con amabilidad a la gente que encuentres al borde del Camino. No son “ignorantes” ni tampoco deben estar a tu servicio. Son personas normales que suelen tratan bien a los peregrinos porque los que han pasado antes que tú les han tratado como personas.

Si caminas por carretera sé prudente, no olvides que eres la parte más débil y que los automóviles no se fijan mucho en un simple “peatón”.

 

Consejos prácticos para recorrerlo en bicicleta.

Antes de comenzar tu recorrido estudia un plan a tenor de los kilómetros totales que piensas recorrer y tu previsión diaria. Si haces completo el trazado del Camino Francés, desde Roncesvalles o Somport, ten presente que necesitarás un mínimo de diez días. Haz tu peregrinación con la suficiente calma como para tener tiempo de visitar los santuarios y los puntos claves de la ruta.

Con relación a la preparación, desde el punto de vista físico, si no eres un asiduo ciclista, enfrentarte cada día con muchos kilómetros exige una concienzuda preparación. Para ello:

Desde el punto de vista de la preparación física ten presente la posibilidad de Visitar a un médico especialista a la vista del esfuerzo prolongado que intentas realizar sería muy conveniente un chequeo previo. Traza un plan de entrenamientos que comience con pocos kilómetros y aumenta progresivamente las distancias a recorrer. Completa tu preparación física con gimnasia diaria para dar elasticidad a los músculos de las piernas, espalda y cuello.

En cuanto a la mecánica una buena revisión previa por un especialista es fundamental. Que las partes móviles de tu bicicleta sean de garantía y que disponga de una racional combinación de platos y piñones para facilitar desarrollos cómodos adaptados a tus fuerzas, es igualmente básico.Finalmente, la técnica es también fundamental. Por ello, hazte acompañar en tus entrenamientos por personas experimentadas en la bicicleta, ellos te aconsejarán sobre la mejor postura a adoptar en la bici, la forma y el tiempo de hacer los cambio, la cadencia del pedaleo, etc.

En cuanto a cómo portar el equipaje en la bicicleta te resultarán de utilidad las pequeñas alforjas que se ajustan en las ruedas traseras y en el manillar, sin olvidar que tanto para ti como para tu bici cuanto menos peso se lleve mejor. Cuida también tu vestimenta. Es muy conveniente usar ropa ajustada y de colores vivos. Con ello conseguirás una menor resistencia al avance y facilitarás que los conductores detecten antes tu presencia. Procura no llevar nada colgando o suelto ante la posibilidad de enredarse con las partes móviles de tu bicicleta. Una bolsa de aseo personal, un saco de dormir y un chándal o ropa de vestir son también imprescindibles para cuando eches pie en tierra.

Cumplir escrupulosamente con el Código de la Circulación , llevar siempre agua mineral, desconfiando de los manantiales que encuentres y alguna herramienta con la que poder salir del apuro en carretera en caso de pinchazo o alguna otra avería menor, harán de tu peregrinaje una experiencia irrepetible y muy positiva.

 

Sobre la Credencial del Peregrino y la “Compostela”

La actual credencial del peregrino, que se entrega exclusivamente a los que hacen todo o parte del Camino de Santiago a pie, en bicicleta o a caballo, tiene sus orígenes en las cartas de presentación que desde los albores de la historia jacobea concedían los reyes, infantes, clérigos, papas y otras autoridades como documento de recomendación o salvoconducto a los que peregrinaban a Compostela. La historia relata multitud de documentos en los que se concedía por mediación de dicha carta todo tipo de privilegios y gracias para que el portador y sus acompañantes obtuviesen protección y también la exención del pago de tributos (montazgos, portazgos, pejes, etc.) cuyo montante podía llegar a ocasionar graves problemas a los peregrinos medievales.

La credencial se entrega a través de las Asociaciones Jacobeas, la Iglesia , Cofradías, etc. antes de iniciar el Camino o, a través de estas mismas instituciones en el lugar donde se inicia el recorrido. Siempre es aconsejable la presentación de una carta o documento que acredite e identifique al solicitante. Con la credencial, para aquellos que han hecho al menos los cien últimos kilómetros del trazado jacobeo a pie o en caballo y los doscientos últimos en bicicleta, la Catedral de Santiago concede la llamada “Compostela” que no es otra cosa que un documento por el que se reconoce que el peregrino ha llegado a la meta compostelana y lo ha hecho por motivos religiosos.La Compostela, tanto en su modalidad tradicional cuando se justifica una peregrinación con motivaciones religiosas o piadosas, como en su más reciente versión para quienes no justifican estas motivaciones, es un documento que se expide desde hace muchos años. Al principio se plasmaba en pergamino y en ellas se relataba con un texto más o menos amplio, además de una mención al apóstol Santiago, para patrono y protector “único y singular” de las Españas, la visita del peregrino al templo, la confesión y comunión. Desde hace tiempo éstas se imprimen sólo en papel con orla característica de hojas de roble y vieiras jacobeas en la que se hace constar en latín el nombre del peregrino, y es firmada actualmente por el Secretario Capitular de la Iglesia Compostelana. Hasta no hace mucho tiempo, la Compostela era firmada por el Arzobispo, pero era tan sólo una práctica teórica ya que en realidad correspondía habitualmente la firma al canónigo encargado de las peregrinaciones.