EL ALBACETE JUVENIL, CAMPEÓN DE LA COPA DEL REY

 

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡CAMPEONES!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Los de la Quinta de Carletes derrotaron por dos goles a uno al Valencia en la final celebrada en Vélez-Málaga.

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Contra un rival que partía como favorito, contra la historia (sólo había sido campeón de la Copa del Rey una vez, en 1.995), contra las estrellas del Valencia, contra el calor, contra el árbitro...

Con todos los elementos en contra, el Albacete Balompié Juvenil esgrimió su mayor virtud, la que vale, la de la verdad verdadera: derroche de fútbol en estado puro y, con este argumento, derrotó al favorito, supero al Valencia de las Estrellas y se hizo con el trofeo que proclama al mejor equipo juvenil español de la temporada 2.006-2.007, gracias a su maravilloso fútbol de entrega y de calidad y a dos extraordinarios goles de Pablo y de Carletes, dos canteranos de la casa que prefieren quedarse en el Alba a irse a probar suerte en el Villarreal, club que pretendía hacerse con sus servicios para la próxima temporada.

En un partido de los que hacen afición, histórico, con varios centenares de seguidores albaceteños en las gradas que animaron, sufrieron y disfrutaron de lo lindo, el Alba consiguió imponer la garra, la armonía del equipo, la claridad de ideas y la calidad individual y colectiva ante un todopoderoso y super-favorito Valencia, que este año lo había ganado todo (Liga y Torneo de Campeones -que juegan los campeones de cada grupo de la Liga de la División de Honor de Juveniles, la máxima categoría del fútbol juvenil-), hasta que se topó de bruces contra la "Quinta de Carletes".

Salvo los momentos iniciales del partido, el equipo que impuso su fútbol fue el Alba. El equipo albaceteño quiso ganar en todo momento y se llevó la Copa para darse un baño de campeones en la Fuente del Parque, lugar de celebración tradicional de los éxitos del Alba.

Y eso, a pesar de que un mal árbitro, que nunca supo estar a la altura de una final de Copa del Rey, castigó injustamente al Alba al expulsar a Rubén a la media hora de la primera parte. El "9" del Alba, que me recuerda a Morientes cuando jugaba con la misma camiseta, dió una patadita, una especie de reproche, al codazo que había recibido del marrullero y provocador central del Valencia, Yago (temprano empiezas con las marrulerías, majo) que el árbitro asistente (el 4º árbitro), interpretó como agresión, "manda narices". Y el árbitro, tras ser advertido por su chivato compañero, le mando a los vestuarios a pesar de que el agredido había sido él. El provocador, el agresor, el marrullero, Yago, el central "ché", siguió jugando porque el 4º árbitro no vio (¿¿??) cómo agredía previamente a Rubén, que en todo caso, solo respondía a una provocación. Esperamos que Rubén haya aprendido la lección y no caiga más en emboscadas, aunque jugando una final de un campeonato como la Copa debe ser difícil controlar los nervios y un buen árbitro, aún más en una final, debe diferenciar entre un "calentón"sin más transcendencia y una agresión.

A los pocos minutos de esta marranada, no contento con dejar al Alba con 10 jugadores, este mal juez se inventó una falta dentro del área por una inexistente cesión al portero, que solo un pésimo soplapitos puede interpretar como tal, puesto que no existió infracción. Pero aún estaba dispuesto a amilanar más al equipo castellano: No contento con estas lamentables decisiones arbitrales, expulsó al entrenador del Alba, Juan Gómez porque le debió decir que ya estaba bien de perjudicarnos (graves palabras contra quien se cree en posesión de la justicia divina).

En resumen, en unos pocos minutos perdonó una agresión a un jugador valenciano, expulsó a uno de los mejores jugadores del Albacete, pitó una inexistente cesión a nuestro portero Pablo (que nos pudo costar un gol en contra) y expulsó a nuestro entrenador porque osó reprocharle su actitud en contra del Alba. No sabemos si este árbitro tiene algo en contra del Alba o es que es malo de solemnidad (la cuestión es que siempre favoreció al Valencia, ya que siguió permitiendo el juego duro de los "chés" durante el resto del partido.

Pero este equipo del Alba tiene suficientes argumentos como para contrarrestar a un árbitro que viste la camiseta del equipo grande. Ya lo había demostrado con anterioridad en octavos de final, cuando le gano al Barça, anterior campeón, jugando también en inferioridad numérica durante más de una hora): juega al fútbol y tiene casta y calidad a raudales, para dar y vender y arruinó a un equipo valenciano, que todos calificaban como una maquina de hacer fútbol, con individualidades de ensueño.

Nuestro Alba, el mejor equipo del año en España, hizo que la supuesta calidad de los valencianistas se fuese diluyendo a lo largo del encuentro como un azucarillo en un vaso de manzapol. Las dos líneas dibujadas magistralmente en el terreno de juego, defendiendo a la vez, basculando como solo lo saben hacer los que saben jugar al fútbol, con un jugador por delante, apoyando a sus compañeros en todo momento, sin desfallecer, como gacelas, dio al traste con las ambiciones valencianas de ganar los tres torneos en que había participado.

El Valencia, no lo olvidemos, había sido el campeón del mismo grupo en que se encontraba el Alba, que fue subcampeón. También había ganado el Torneo de Campeones, en el que solo participan los campeones de cada grupo de la Liga de Juveniles (ahí no participó el Alba).

Pero en la Copa del Rey participan los dos primeros clasificados de cada grupo. Y ahí sí que estaba el "Queso mecánico" de Juan Gómez, que apunta como gran entrenador (que debería entrenar al Alba en 2ª).

El Alba entró en juego eliminando al gigante de la categoría, al C.F. Barcelona, que era el vigente campeón, en dos partidos memorables (le ganó en nuestra Ciudad Deportiva por 2-1, jugando también con 10 durante más de una hora. Luego, en Barcelona, jugando con 11, como el rival, dio una lección de juego y coraje y empató a un gol).

En cuartos de final, eliminó al Málaga de manera bastante suficiente y cómoda, aunque no sin esfuerzo (1-0 en Málaga y 2-0 en la Ciudad Deportiva del Albacete).

En semifinales se nos volvió a cruzar la Real Sociedad de SanSebastián, al que ya eliminamos el año pasado en cuartos de final, y le vencimos bien en Albacete (3-1), con una nueva lección de fútbol. En San Sebastián, un nuevo empate a 1 daba el pasaporte al equipo blanco, dispuesto a cobrar lo que el año pasado un infame arbitraje le negó en la semifinal disputada en Zaragoza (0-1 de penalti inexistente en el minuto 95, con la mitad del equipo lesionado de los palos que se llevaron).

Los de la "Quinta de Carletes" habían decidido por entonces que la final era suya, que era coto vedado para los el Valencia. Contra el equipo "ché", a pesar de que el pésimo arbitraje les volvió a dejar con 10 duránte más de una hora, el Alba no dió opción ni al Valencia, ni al árbitro y sentó sus reales en Vélez-Málaga.

El juvenil del Alba ha sido campeón, por segunda vez en su historia, de la Copa del rey, el torneo juvenil más apreciado y valorado. La fecha del 24 de junio de 2.007, festividad de San Juan Bautista, patrón de Albacete por más señas, quedará grabada con letras de oro en la historia del Albacete Balompié y servirá de acicate para que otros jóvenes de nuestra cantera traten de igualar esta gesta.

A medianoche, cuando este grupo de jóvenes atletas de Albacete, capitaneados por un gran entrenador, celebraban su triunfo (Copa del Rey en alto) en la fuente del Parque, bajo los chorros del agua regeneradora, muchos empezábamos a soñar que un día, no muy lejano, estos jóvenes, los mejores de España de su edad, puedan bañarse después de haber derribado torres aún más altas, para más gloria de la "Quinta de Carletes" y para mayor gloria del Alba y de Albacete...

Carletes, celebra el gol de la victoria.